martes, 1 de febrero de 2022

Revista Nº 102 -Espacio del Poeta



Revista nº 102 -Espacio del Poeta

2ª epoca

REVISTA LITERARIA DE HABLA HISPANA


Febrero 2022


 












Apenas vislumbro azules plateados,




Apenas vislumbro azules plateados,

quizá me mude allí arriba donde nunca miro,

donde el olvido acaricia y las nubes acunan,

mientras me atropellan las alcantarillas decoradas

y los ojos no quieren ver más finales 

y el corazón malvive entre latas y restos de la cena de hace días,

vagabunda ahora de todos los posibles aniquilados,

mendiga, lloralunas, insignificante brisa,

apenas un suspiro en el océano inmenso

de mi encrucijada,

yo conmigo misma.

 


 Ana Tejera Aguiar-Tenerife- España












VIDA Y MUERTE

A Esther

Has llegado adonde estás

sin rendirte a la vida

que te forjó con dureza,

sin tallarte en mármol.


A veces

cubrió tu pelo con manta de escarcha

y reventó las ruinas de tus huesos.

Tú supiste asfaltar los escombros

para seguir de pie, aun con fisuras.


Has zurcido mil veces tus desgarros

y aquí sigues, subida a tus tacones rojos,

para mirar a la muerte de frente

y ver derretirse el hielo de su hoz.

Mientras, te pones el sombrero blanco

y sonríes de nuevo a la vida.


El espejo refleja a la mujer que te ha nacido

–tú sabías que la llevabas dentro–

preparada para luchar a muerte

y dejar la partida en tablas.




Asuncion Caballero (Mascab)-Badajoz España






VEN JINETE A SALVARME


Estoy aquí esperándote

en esta tierra gélida.

Sin voz

sin luz

sin hambre.

Apenas un suspiro

se escapa de mis labios.

He querido salir de mi cuerpo

sin lágrimas

y encontrar una risa que avive mis andanzas.

Más el frío que acuna mi vida solitaria

ha dejado las huellas en mi sendero infausto.

Nadie sabe que el hielo de mi alma agotada

ha tomado mi piel

mis huesos

mi sustancia

y ya no espero sueños que iluminen mi estancia.

Estoy rendida a ti jinete de azabache

ya te veo venir en tu caballo raudo.

Llévame contigo

a descansar de vida

esta vida que ríe en mis espaldas blancas

como la nieve blanca

se incrustó en mis entrañas.

Todo ha sido un invento 

un cuento 

una fanfarria.

Se escapó un mirlo muerto

de mi pecho abrumado.

Ven jinete a salvarme de mi dolor añejo

mi alma está maltrecha de esperar tiempos nuevos

y mis huesos quebrados no quieren más tormentos.

Y pon en mi epitafio

“Aquí estuvo una dama que suspendió su anhelo”




Beatriz Ojeda-Montevideo -Uruguay






Liturgia



Inculcados de amor,

crecimos como clan,

mis vegetales ojos

se asomaron al árbol

genealógico y respiraron

voces añosas de polen

armonioso que fingían

ser una colmena que

nunca se dispersa.

Sólo la muerte contradijo

ese introito de este

ritual familiar congénito.

La única razón de ser

es la palabra; y a ella

me acojo cuando asomo

la tecla para adivinarme.

Es la palabra un canto

gregoriano que alerta

a Dios sobre el hombre.

Es la palabra, un grito

de Dios dirigido a los

hombres, por el hombre.

Un solo canto, un canto solo;

un poema únicamente, sólo un poema.

La verdad disfrazada de historia

compartida que nada más

el autor conoce, y canta.

Canto ritual, liturgia de la tribu,

que permite hacer cantar

hasta a los mudos y los sordos.

Testamento infinito, legado

de una mano escrita por

todos los poetas de una

patria, que son todas…

y ninguna…

La infancia de la sombra,

con palabras, el verbo

hecho miradas al futuro.

 El presente inmanente,

los silencios ruidosos

y múltiples de significados.

Desnuda, arrepentida,

la palabra se arropa

en el poema, esconde

todo su origen sacro,

y sin embargo muestra,

juega, enseña, adivina,

adelanta y bendice…

pero no maldice,

bien decir es su misión,

su meta, su esencia,

condición encadenada

del fuego que arde

desde que el hombre

escribe y comunica

todo, hasta lo que no sabe.

La palabra, callada sombra

a gotas; esencia de la luz,

mortaja del silencio.

Silencio al fin, que expresa,

lo que apresa, dice, confirma,

ratifica y deja luceros de duda

en las piedras que acuna.

Afuera llueve, adentro está mojado,

las gotas de agua caen sobre la mesa.

Un hombre en sed infecto, estira la mano,

en la mano un ojo, que quiere un poema:

soledad y azúcar se lleva el viento.

El hombre cae y muere, murió ahí

la tristeza, murió la palabra, se inundó

la mesa. Este rito es largo,

resucita siempre la palabra impresa.



Benjamin Araujo-Mexico







Me duelen las manos 




Me duelen las manos, 

me hice daño al quitarme la mancha de los días,

esos días en los que se rompen los tacones

y se secan las caléndulas. 


Me duelen las manos 

y  me oprimen los guantes,

me agarré demasiado a las paredes,

no encontré el manual de la vida.


En el desván solo hallé una muñeca rota,

un agujero en el tiempo

y un libro de poesía

–quizás me sirva–.


Mañana empiezo a leerlo. 

                                               

del libro Ángulos


  Chelo de la Torre -Linares-Baeza, Jaén- España









PRESUMO NIEVE



Aquí, las gotas no se han hecho copos,

seguro son blancas en las retinas 

de lo oculto.

Imagino ramas desnudas, 

pobladas de puro espesor albino.

Y esa sábana de nula oscuridad, 

rastro de pisadas, 

colmo de hojas muertas 

caídas a los pies de nadie.

La intuyo firme y liviana,

como el placer de acariciar un cuerpo 

que se derrite al tacto febril 

de unas yemas juguetonas.

Parece que la lluvia no se va a tornar cristal, lástima que su luminosidad

no cubra el gris negro de los tejados.

Aquí, la aguardan ojos garabateando 

palabras cegadas en el absurdo 

de un vacío lleno.

Ellos, no saben, no lo sabrán nunca, 

que están escribiendo el gesto del sol 

tras el vaho de la ventana.

Es dorado el paisaje, 

no ha habido nieve,

la he dibujado en el aire.

¿Dónde están los pájaros? 

Sus alas son versos por nacer.

Repito, no ha habido nieve, no hay pájaros, 

presumo su color, su canto, su vuelo, su vida.


Consuelo Jiménez-Alicante







Si los gatos recorren los techos


Si los gatos recorren los techos
en la noche bañada de estruendos 

con sus pisadas livianas en el rocío 

con sus miradas buscando el destino 

no dormiré el sueño deseado
en la oscuridad de la luna escondida. 


En la ventana que espía el ensueño 

un felino se agazapa de silencios 

perturba la sombra de miedos 

castiga el futuro de la amanecida 


precipita el alba en la vereda 

y persigue la hoja de otoño. 

Nada lo detiene,
maúlla en el jardín solitario. 


Sabe de su vida
Y se cobija en la mía. 

En tus manos tibias
busqué el ansiado refugio
en la oscuridad de las horas 

en el descanso de las palabras.

 

Ellas me traen el trajín de tus días 

el sello de la creación y su hechura 

la huella ajada de tu arte,
tiñendo de verde los desiertos ocres. 


Ellas me acarician cual seda nueva
las mías se entregan como pájaros heridos 

en el sopor y la tibieza nocturna
en mi afán de abrigo
de las tuyas tibias.


Cristina Nuñez -Rio Gallegos -Argentina




VOLVER A SER

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Pablo Neruda




La hoja de Trébol yace inmóvil. 

Cuando se han llevado el vaso

 medio vacío y los recuerdos huyen.

Igual que huye el preso. 

El indolente. El moribundo.

Entonces dejamos algo que no vuelve a ser.

Ni después de abandonar la crisálida.




Isabel Rezmo, Úbeda (Jaén)/España






DEFINICIONES 

                                                                                                                                  El amor

                                                                                                    es tu sangre – no otra cosa 

                                                                                                                       Cesare Pavese 




Peligroso conjuro 

de amapolas 

     y de espinas 

de acíbar 

      y dulzores. 

Gloria
      y tortura 

vuelo
       y caída. 

Gozar y morir 

y revivir 

para volver a morir 

          a cada instante. 




Jorgelina Paladini -Rosario -Argentina





MUERTE SIN FIN


                           XII

Porque en el lento instante del quebranto,

     cuando los seres todos se repliegan

     hacia el sopor primero

     y en la pira arrogante de la forma

     se abrasan, consumidos por su muerte

     —¡ay, ojos, dedos, labios,

     etéreas llamas del atroz incendio!—

     el hombre ahoga con sus manos mismas,

     en un negro sabor de tierra amarga,

     los himnos claros y los roncos trenos

     con que cantaba la belleza,

     entre tambores de gangoso idioma

     y esbeltos címbalos que dan al aire

     sus golondrinas de latón agudo;

     ay, los trenos e himnos que loaban

     la rosa marinera

     que consuma el periplo del jardín

     con sus velas henchidas de fragancia;

     y el malsano crepúsculo de herrumbre,

     amapola del aire lacerado

     que se pincha en las púas de un gorjeo;

     y la febril estrella, lis de calosfrío,

     punto sobre las íes

     de la tinieblas;

     y el rojo cáliz del pezón macizo,

     sola flor de granado

     en la cima angustiosa del deseo,

     y la mandrágora del sueño amigo

     que crece en los escombros cotidianos

     —ay, todo el esplendor de la belleza

     y el bello amor que la concierta toda

     en un orbe de imanes arrobados.


JOSÉ GOROSTIZA -México



Albahaca y romero 



picado el ají
un poco de ruda 

manzanilla y miel 

todo irá conmigo 

brotará en mi piel 

fuego en la marmita 

yesca en tu laurel 

saboreé la hierba
no estabas allí 

busqué los perfumes 

y encendí candel 





Lilí Muñoz.-Neuquén-Argentina





Amanece 



Un sol de vidrio verde con burbujas.
Un sol de helado de pistacho.
Un sol de luz de acuario.
Un sol de agua estancada y lomo de sapo. 

Las nubes, mitad escarcha,
Mitad rulos de cabellera morena
van asomándose sin brisa y sin pausa. 

Un silencio de paz perfecta.
Un silencio palpitante
se hincha, se hincha y todo lo cubre. 


Unos ojos sin tarea,
como fatigados, me miran
desde un barbijo verde
entre tarde y bosque,
entre pasillos de hospital
y camas desoladas.
Me miran, clorofílicamente, como esperando
el final, de cánulas, sondas y monitores gélidos. 


Lilián Costamagna -Bariloche- Argentina



Cóleras 


Calíope
habla
grita
invoca.
Desciende Apolo,

 semejante a la noche

 envía otra peste. 

Sin Criseida,
nada pueden devolverle los humanos a los dioses.

 Pelean por el poder
solo carroña
muerte solitaria.

 

Tu otoño es todavía más soberbio que cualquier primavera,

 tu invierno más ardiente que un verano cualquiera

 

Pablo el silenciario dice

 hace mil quinientos años

 lo que hoy pretendo:
un otoño soberbio. 

El deseo y un placer
estar vivos.
Fuego crepitante
encendido hasta el momento de la muerte. 



Magdalena  Aliau- Rosario-Argentina





170—2



Ciento setenta pimpollos y ninguna flor.

 A mi peral, ¿qué lo apena?
¿Ha perdido la luz?
¿Ha escondido la Esperanza?
O tal vez,
La tierra engañada,
Sus frutos, retendrá
Ante pillería desesperada. 

Impasible, espera el mañana,
Que se niega en llegar.
Ciento setenta pimpollos, Follaje, melena,
Helados están.




 (Confinamiento de 170 días.) 

Magdalena Bellini -Concordia- Argentina



III-Granada 



¡Ah las rosas sobre la colina de Sabika!
donde el agua brilla sin repetirse entre las piedras, donde el agua cuchichea rumores muy antiguos. Se abrían y se abren las rosas del Generalife,
y renacen el mundo que una vez tuvieron. 

¡Ah las rosas sobre la colina de Sabika! su perfume seduce los palacios nazaríes, se prende a los muros de arcilla,
y en las torres tatúa inscripciones de seda. 

Y acá mismo, ahora, en estos signos,
son inmutables rosas prisioneras,
rosas guardadas en la concavidad de la palabra, rehenes perennes en el serrallo del poema.
Las otras rosas, las de la Alhambra,
seguirán floreciendo en la colina de Sabika. 




María Amelia Diaz. -Bs.As - Argentina




ESCUCHA ESTE SILENCIO



Escucha este silencio.

Que es caminar colgado de la tarde

por el breve camino de un recuerdo,

que es divisar las luces ignoradas

en el rastro de adiós de los luceros,

que es quedarse perdido en una esquina

viendo pasar las horas a lo lejos,

que es saludar tendiéndole la mano

al faro solitario de algún puerto.

Que es descubrir el gesto de la noche

en la frase vacía de algún  sueño,

una hora que el tiempo desconoce

una mirada anclada en un regreso.

Es llamar a la puerta de una casa

y que nos duela el retumbar del eco,

es un llanto sin pausa y sin sentido

y extrañamente reírse en un lamento.

Escucha este silencio.

Entenderás la pausa de la ausencia

y la oración  que viaja con el viento

y la lección que el tiempo nos enseña

serenamente como un viejo ciego.

Escucha este silencio.

Descubre el rostro de tu fe perdida

ignora el ruido que abrumó tu empeño

regresa al sueño donde está la vida

gestando el canto donde aún te espero.




Navil  José Naime - Argentina





Hoy se parece nuestra ciudad



Hoy se parece nuestra cuidad

A tantas otras,

Naves fantasmas

Calles sin coches ni transeuntes.


No sé si en la luz

Que une las cosas

Que abraza las casas, los seres

En su olor a vacío



Vuela el aleteo

Que nos va alejando,

Alargando la herida

De la distancia que nos separa


En su temblor de río invisible.

No sé si esta brisa enferma

Me lleva hacia el centro,

Rosa de soledad


Que me desvela otra vez

La paciencia de lo infinito.

Atento al soplo de todos,

Soplo de un siglo


Que sabía sin saberlo

Que le iba a faltar un algo

Lo cual le asusto,

Hasta la asfixia.


(transcripción de la antología Franco-Argentina)


Pascal Mora- Meaux -Francia




Los vencejos copulan en vuelo





Los vencejos copulan en vuelo

el cielo

es apenas una luz silenciosa

sólo una nube cenicienta

brumosa mirada

sobre la enredadera seca

que abraza los muros de tu alma

Los vencejos se arrojan en picada

El rugido del agua

profundo grito centelleante

lacera tu mutismo

de piedra escalada de hormigas

Los vencejos aletean a su aire



Silvia Rodríguez- La Plata-Buenos Aires- Argentina





Éxodo






Subyace bajo mi piel


un destino de quimeras,


busco en soledad


el escurridizo horizonte, 


el incierto arco iris


y en un éxodo constante de mi yo,


voy gastando mi vida, tan real


como el unicornio.



Del libro- La puerta del viento


                                                                             

  Silvio Astorino- Rosario- Santa Fe- Argentina

                                                                                                                                                                                                                 










CRESCENDO 


Yo viajaba. Los museos de la vida 


en un suspiro ojeé. Doblaron las rodillas mis sentidos.

Las guías Michelin ofrecen todo, ofrecen todo sin condiciones. Lo bello, 

la esencia y la grandeza, la gloria, 

la decadencia. Vuela en las ventanillas Weimar. Y Waterloo. 

¡Qué césped esmeralda! Pompeya, el volcán 

de la belleza, no del drama. Venecia…  ¿Qué 


no se nos ofrece?


A Delfos llegaremos, a Pitia, a Isla Negra, Tzárskoe seló 

e Hiroshima, a Tiananmén, Perperikón, Manhattan…

Y arderán viñedos en Arlés, Granada

quemará los negativos…


Yo viajaba.

También el tiempo. Y otros estrechaban su cintura

y respiraban el ozono de sus rizos, la sal de sus axilas les quemaba. Sus alas 

quebrantaban las gargantas de días de ternura y de plomo. 

Y se volvían piedras al instante los blancos Kleenex,

empapados de su sangre. Y las heridas se cernían mudas. 


Espacio y tiempo, vida, dudas, muerte, cruzaba yo como un neutrino. 

Y cada vez más lejos y más lejos, más lejos y más lejos me sentía.

Si pudiera retornar. Si pudiera. 


Ya hace tiempo, como si fuese un área de terremoto, el grito agrieta 

mis adentros. Probablemente habla

el abismo. 


¿Pero y quién me podrá decir? Este poema 

debe ser ajeno. A mí, 

a ti, a sí. 


Ajeno.



ZHIVKA BALTADZHIEVA-Bulgaria







Indice Espacio del Poeta Febrero 2022

Ana Tejera Aguiar

Apenas vislumbro azules plateados

España

Asuncion Caballero

Vida y muerte

España

Beatriz Ojeda

Ven Jinete a salvarme

Uruguay

Benjamín Araujo

Liturgia

Mexico

Chelo de la Torre

Me duelen las manos

España

Consuelo Jimenez

PRESUMO NIEVE

España

Cristina Núñez

Si los gatos recorren los

Argentina

Isabel Rezmo

techos Volver a ser

España

Jorgelina Paladini

Definiciones

Argentina

José Gorostiza

MUERTE SIN FIN

Mexico

Lilí Muñoz

Albahaca y Romero

Argentina

Lilián Costamagna

Amanece

Argentina

Magdalena Aliau

Cóleras

Argentina

Magdalena Belllini

170—2

Argentina

Maria Amelia Diaz

III Granada

Argentina

Navil José Naime

ESCUCHA ESTE SILENCIO

Argentina

Pascal Mora

Hoy se parece nuestra ciudad

Francia

Silvia Rodriguez

Los vencejos copulan en

Argentina

Silvio Astorino

vuelo Éxodo

Argentina

Zhivka Baltadzhieva

Crescendo

Bulgaria







1 comentario:

  1. Enhorabuena por este nueva etapa y gracias por contar conmigo de nuevo .

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