viernes, 1 de septiembre de 2017

Revista nº 82 -Espacio del Poeta

Revista nº 82 -Espacio del Poeta

REVISTA LITERARIA DE HABLA HISPANA


Septiembre… 2017
Michele Hautesserre  















El viejo y su perro



Como todos los martes subo al colectivo que me lleva a la casa de mi hija en el barrio de Parquefield. Siempre tomo el de las 10,30 en la parada de Bs As y San Luis. Lo conduce un tal Juan. Por lo menos así lo nombran algunos pasajeros. Recorre con urgencia las calles de mi Rosario, siempre anda apurado, los tiempos que le imponen cumplir lo sobrepasan, entonces, acelera. 
El recorrido es largo, casi cuarenta y cinco minutos de marcha intensa, cuarenta y cinco minutos para observar con atención cada detalle de mi ciudad, sus balcones delatando la personalidad de sus habitantes, las cúpulas donde el arte estalla, el trajinar de la gente. Miro, huelo y tejo historias. Así me entretengo.
En estos últimos años, la ciudad se eleva orgullosa, alta y arrogante. Proliferan las grandes torres circundando al soberbio Paraná. Las palabras de Borges vienen a mi recuerdo:
“Que no daría yo por la memoria
de una calle de tierra con tapias bajas
de un jinete llenando el alba
(largo y raído el poncho)
en uno de los días de llanura.” 
En mi ciudad ya no hay llanuras, fueron soterradas por bloques densos de cemento y mármol. Sé que no se puede detener el crecimiento, sin embargo añoro al Rosario chato, de veredas hospitalarias, calles empedradas, viajes en tranvías bamboleantes, arrullada por el ronroneo de las ruedas metálicas jadeando sobre las vías aceradas. Me es muy fácil perderme en imágenes de ese tiempo, ellas radicalmente, hacen que olvide a los pasajeros efímeros de esa caja de Pandora en la que se ha convertido el colectivo. De ese vehículo convertido en el escenario de los hombres de la calle, que cantando canciones desentonadas, o tocando en guitarras suplicantes, ansían atesorar el mendrugo diario, apenas migajas para mitigar el hambre de los suyos. Han encontrado un trabajo, venden sus servicios y el público se los agradece, cada uno a su manera. Recuerdo al payaso Paco, hace mucho que no lo veo, él sí sabe arrancar sonrisas, alivianar dolores y acompañar con su magia cándida. Es un buen payaso, porque ilumina bocas de caras opacadas por el dolor, el desgano, la carencia. Yo lo aprecio, a mi me sitúa siempre en algún rincón de mi infancia, donde mi carcajada era fácil. ¿Cuánto tiempo hace que no me río a carcajadas? ¿Cuánto hace que no trepidan, desinhibidas y gratificantes?
Al conductor se lo nota nervioso y apurado, mira a cada rato su reloj, el tiempo lo apremia, entonces transforma al colectivo en una bestia indómita, desbocada. Se convierte en Don Quijote, con su lanza guerrera, “el colectivo”, batallando contra los molinos de viento, “los semáforos”. Él necesita que estén verdes, cuando ellos están irremediablemente rojos. Sabe que no puede conmutarles el color, sin embargo arremete, zigzaguea, elude con imprudencia, en un macabro juego, en el cual nos involucra sin escrúpulos.
De pronto una frenada brusca, hasta esperada. Cada uno queda con su cuerpo desubicado del asiento, el cantor de turno rueda por el piso. Miramos absortos y sorprendidos, como un viejo enclenque y su perro descarnado, casi quedan incrustados en la trompa del colectivo. El anciano inmutable observa sereno el parabrisas y al conductor, su mirada vacía, el perro, a su lado, como ensamblado a él. El viejo no gira, para retroceder hacia la vereda, se desliza arrastrándose para atrás, con pies cansados, con dedos de uñas gorrinas, asomando por un agujero de sus zapatillas rotas. Mi corazón galopa descompasado, no puedo contener la indignación, con voz irritada increpo al conductor: ¡casi los mata!, usted parece estar manejando un arma, no un colectivo. ¡Menos mal que pudo frenar! 
Se dio vuelta, buscó mi cara entre los pasajeros, el atisbo de una sonrisa mordiente me cubrió. Lo miré, el atisbo de una sonrisa desafiante lo envolvió. Entonces, con una fusión de cinismo e ironía, lacrados en su rostro malhumorado, bramó: “No frené por el viejo, sólo lo hice por el perro.”

Ada Gil-Rosario-Argentina





“Dime”



Dime qué guarda el destino
que nos hizo conocernos.
¿Entre tu nombre y el mío
habrá un designio Divino?
¿Habrá una luz de esperanza
que ilumine los caminos?...
Pues tal vez esta añoranza
de compañía, de amor,
deje afuera la tristeza
y se convierta en un sol
que nos de luz y calor.
Dime, si quizá tu corazón
sueña con el mío a veces
y anidando una ilusión
a tu lado tú me sientes.
Dime, pues quiero saberlo,
para empezar a pensar
que este nuestro encuentro,
no es sólo cosa de azar
sino un sentimiento eterno
que ha sabido traspasar
los muros de este silencio…


Alibel Lambert-Argentina








El quiebre




Joe se desenvolvía excelentemente en su trabajo diario. Siempre muy dispuesto llevaba y traía clientes. Fuerte con grandes cualidades en todo lo que desempeñara. Desde su actuación como militar y como veterano de guerra y de sus duras relaciones sentimentales siempre como dice el dicho al pie del cañón.
Pero ese día no era su día mejor por cierto. Se sintió como amputado en los sentimientos más profundos.
Como es la vida exitoso en los negocios y fracasado en lo más íntimo que es lo afectivo.
Las ausencias derivadas hace doler el alma que estaba vacía pero él nunca mostró síntoma de este padecer que estaba ensordecido por mucho tiempo.
Todo parecía superado pero ese día flaquearon sus fuerzas y desde la mañana a la noche todo cambió en su ánimo por cargar una mochila durante tanto tiempo de no manifestar nada a los ojos de los demás. Ese sentimiento y por qué solo lo sabían los más íntimos que conocían el hecho ocurrido que lo partió en dos hacía mucho tiempo atrás.  


Ana María MANUEL ROSA-San Rafael-Mendoza- Argentina





Adobe





Adoquinan
los suspiros
esas calles

Galopan nostálgicos los bodoques
y los doseles aventuran

Los tacos
desnudan las piernas

El  puerto
cobija a la mujer
que define el destino.




Ana Romano Buenos Aires- Argentina










Sabor a poeta
Del libro ¿En qué piensas?











Sabor a poeta

Quiero letras y palabras
quiero soñar con burbujas

…y pensar.

Quiero magia y ser osado,
y no quiero ser espalda

…y vivir

Quiero ser gota de lluvia
y amanecer con el viento

…y pasion.

y ser el leño en el fuego
ardiendo con el amor

…y soñar.




Antonio Monzonís Guillén- Valencia_España







Somos Amor

Somos los que parimos manifiestos
los que bordamos sol en las pestañas
de aquellos que se niegan al contento.

El amor es un grandioso caballero
que recorre las galaxias
intentando abrir un hueco
es cada corazón desesperado.

Somos amor en su sustancia primigenia
luz de esperanza
calor de besos
manos que abarcan solidarias
a aquel que está perdido en la soberbia.

Somos semilla que germina
en las fronteras de la brisa.
Orquestamos con versos bendiciones
para que el mundo se perdone.
Perdonemos al mal
démosle dulces
abrámosle la puerta a la esperanza.

Hay muchas almas exquisitas
dispuestas a donar una palabra
una sonrisa azul
una paloma
una caricia alada que desplace
el dolor de los pobres que se humillan
solos
vencidos
olvidados.

Somos los que parimos manifiestos
de una vida con alas extendidas
a un puede ser más grande la alegría.
Somos algunos los que vemos
al Dios interno que nos ama
y nos reclama
en esta gesta que promueva
la unión de almas trasmutadas.


Beatriz Ojeda-Uruguay





Cinco lunas

del libro Poemas de amor y de olvido





Amante/silencio
desnudo de bosque
desato el beso esférico
que alucina nudos
de un estómago libélula

Tu silueta de plata,
tu perfil es espera.

La luna en tus labios
invita al eclipse…
y me duermo en ellos
degustando el rocío
áspero y húmedo
que vive en tu aroma.

Cinco lunas
adornan tu cintura
y me voy en su luz,
en descenso…
en laxitud…
por el monte de tu piel…


Carlos Alberto Gimenez- Ushuaia-Tierra de fuego- Argentina







Nostalgia en alas




Yo vi subir hasta la cima
alas sueltas queriendo libres ser mariposas
tal como esporas, “diente de león”
como pequeños paraguas al viento.
Volaban sueños, deseos contaban.
...Mas nunca llegaron a ser mariposas...
Yo vi, nuevamente la soledad rondando, 
de pelo suelto sonrisa afable,
! pero tan triste!
Y vi el camino que aun recorro,
Tan largo, largo como riachuelo
Abriendo brecha entre la cañada
de pies descalzos llora entre piedras…
Yo vi la cima abrazar la nube
acunarla en brazos, cual pequeño niño;
cantándole una canción de cuna…
Vi la nostalgia de filosos dientes
Secar las lágrimas de aquella que en la cañada
de pies descalzos llora entre piedras…
Tal vez un día, allá en la cima…
Sus alas sueltas, sean mariposas…




Carmen Guzman Cedeño.Cumana-Venezuela








Sombrío caminar






Es tan oscuro el sendero
como mi vida y destino,
que para salirme de él
tienen que alumbrar camino.
Buscando voy otro cielo
donde dejar mi tormenta,
tanta angustia, sed y miedo
de tropezar en flaqueza,
que necesito tus ojos
para llenarme de fuerza.
Veneno corre en mis venas
y aunque de amor van repletas
martirizan a mis sienes
luchando con mi conciencia.
Sombrío caballo oscuro
donde cascos atropellan,
mas, con las tijeras cortan
los flecos de las centellas.
Corales tibios dibujan
los ojos de mis estrellas
y por ellos se derrama
la voluntad que me anega.

Clotilde Román -España    






Tristeza y esperanza    




Cuando la tristeza es muy profunda…
Los cometas no dejan estelas,
los años no tienen veranos,
no hay playas con blancas arenas,
ni luna brillando en los lagos.
Cuando es muy agudo el dolor…
No hay palabra que ofrezca consuelo, 
ni hay abrazo que dé protección, 
nubes grises oscurecen el cielo
y ningún fuego nos brinda calor.
Cuando llora el corazón…
Los jardines no tienen flores, 
se entona una triste canción, 
el pájaro no trina en el bosque
y nada parece tener valor.
Cuando todo eso sea así…
Con Esperanza debemos pensar, 
que no hay mal que dure cien años...
ni tristeza que no tenga final.




María del Socorro Hernández González, "Cocolibrí".Monterrey, Nuevo León, México.







El burro  

Las mujeres no bebían, hija. La bodega era cosa de hombres. Allí descargaban el cansancio y la rutina, hablaban de sus cosas, de las cosechas, del precio del grano e incluso de casorios, aunque a veces se les iba la mano y rellenaban el porrón más de la cuenta. Después parlaban por los codos y llegaba el alboroto hasta la plaza, pero mira, era la única forma de quitárnoslos de encima un rato... Caso aparte era el asunto de Delfina. No escuchaba ni a los hijos ni al marido ni a nadie, que el bueno de Servando no hacía vida de ella. Vaya paciencia la suya. Digna de admiración.
Al principio, cuando se percató del asunto, le escondía el burro para que no se acercara por allí, pero la muy tunanta, que ya tenía el vicio bien cogido, iba aunque fuera a rastras, y eso que las bodegas de Grajal distan una legua del pueblo, porque cerca de las casas no había tierra para ellas y hubieron de pegarlas a la linde con Ribera.
Delfina, después de hacer la labor a eso del caer de la tarde, se cogía el "andaniña", un cacho pan, un pimiento en verano o media cebolla en invierno, y, sin decir ni mu, lloviera, nevara o cayera un sol de justicia, arreaba que se mataba a la bodega.
Yo no sé que tiene eso para que te apañe así. Porque Delfina era muy curiosa para todo. Menuda cadeneta hacía...
¡Qué vicio tan feo! Para un hombre mal, pero para una mujer... ¡Por Dios!
Después a Servando como le daba pena de cómo volvía de refregada, acabó por dejarle allí el burro atado a la argolla. Porque él no bebía una gota, y mira que eso sí que era raro en un hombre, pero ya trincaba Delfina por los dos y por medio pueblo. Hasta el cura fue a sermonearla a casa en una ocasión. Pero nada hija. Ni por esas.
Así que el hombre, cuando allá al caer la noche la veía venir cara "pa tras" del burro, echaba las manos a la cabeza y resoplaba: ya nos jodiste Delfina, ya nos jodiste... Y oye, qué conocimiento el del burro que bien sabía donde apearla. Para que luego digan de los burros... más conocimiento que las personas tienen a veces. Ya lo creo.
Pobre Servando…




Concha González.-Leon España








Palabras para vivir…

“Tu vespertino afán de pensar en el muelle
justo donde la corriente pasa arrastrando algas
te hace creer que la brisa acelera el olvido
y deja la memoria de los momentos en blanco
como primera nube de domingo…
Esa creencia salida de una fábula invertida
impulsa a tus pieles a destilar sus vivencias
creyendo que todo es volátil como palabra 
que supuestamente se lleva el viento…
Ella misma obliga a tus deseos 
a imaginarse invisibles tus insistentes noches 
que se hicieron infinitas bajo clímax…
Te impone su manía de borrar 
lo graficado en tus senos por aquellos dedos 
adictos al sonambulismo del abecedario…
Cómo será su destartalada lucidez
al inducirle a tus rojos vestidos 
que recojan sus huellas de las alfombras
para que los delirios guardados en sus ojales
salgan con tus aromas por las ventanas…
Así esa creencia te encierra 
en unos dudosos salmos que predican 
que la MUJER tiene que volcarse a la tristeza
para poder bañarse con el evangelio…
Si supieras que el falso testimonio está allí
en esa tristeza que no riega latidos en el alma
y piensa que el amor se va cada cierto tiempo
como si no se pudiera sumar primaveras…
No sigas ensimismada como luna de día
El andar de uno de tus sentidos hará 
que aprendas a nacer del desencuentro”

Dalmiro Durán -Sucre-Venezuela






La casa de té
                                 Extraído del cuento Los labios de la negra del libro cuentos, mujeres y artificios
“El labio de arriba el cielo
y  la tierra el otro labio”
Miguel Hernández

 Era octubre y yo estaba de muy mal humor. No podía encontrarme. Quise explorar un emprendimiento comercial que se dio de narices contra la inflación.  Era una salida airosa entre las horas de mi trabajo en la escuela. Mi mejor amiga, Clara, me apoyó en todo. Si hablo de mi amiga, no tendría fin. Firmó garantías, decoró la vidriera con sus lienzos pintados, y fue la más asidua concurrente al salón. El proyecto. Una casa de té con encuentros programados para  buscadores de ceremonias. Le puse mi nombre, Lali,  el salón de té. Obtuve créditos, libré cheques y documentos que me llenaban de la ansiedad de los entrampados. Mi licencia de importadora temporal caducó más rápido que la baja franquicia que me otorgaron. Había  estudiado mucho, sabía  de varietales, del  oolong y el  rooibos,  aromas de la China, Kenya o Nepal,  rojos, verdes y  blancos. Presentaciones en hebras, polvos, saquitos con forma de pirámides ejecutivas, rosetas divertidas, estrellas femeninas. La colectividad japonesa de Rosario mostró su apoyo entusiasta. Ante los faltantes de materias primas y la premisa de que no permitiría  bajar la calidad del té, deshice los faroles de papel maché drapeado por mi tía Sara y me fui a casa. Atrás quedó Lali, el salón de té.  Pasé días de actividad intensa, pagos diferidos, bancos, hasta que todo quedó liquidado, concluido. 
Terminado, igual que mi relación con Jay, el brasileño. Artista multifacético, toca el piano y canta. Baila tango con coreografías sobre patines con gran vértigo, con  pirouettes cerrando la función.   Me dejó.  Como las voces agoreras de Clara lo anticipaban. También  me dejó la cuenta corriente en rojo y un ancho saldo deudor en la tarjeta de crédito que exhibía sus gastos en el exterior. 
Me sentí deprimida,  sola. Mi amiga quiso llevarme a clases de tango y también a su psicoanalista.  Me negué. No quería llorar pero al fin, cuando supe que podía desatar con lágrimas momentos vividos, recordé. Recordé para recrear, para forzar un atajo, como un ejercicio inapelable, aquel cielo de sierras .Y entonces, desde Córdoba,   llegó el correo preciso. 
- Lali, la casa está a tu disposición. La voz de Pere, mi amigo de niña, como un amparo. Hice valijas, apronté muchas cajas de té, sin  dejar de evocar el lugar que desde hacía tiempo me había elegido. Recordar, como buscar  remansos de  niñez en una esquina. 




                                          
Diana Luz Bravi   Rosario - Argentina






Toda una noche con la mano en el agua


Bailar de noche con las manos en la arena.
Nadar pegado a los entrantes.

Y mis dedos no tendrán paz hasta encontrar el fondo,
donde como en un cielo habitan gaviotas
—la iridiscente luz de los huesos de los ahogados
golpeando en mis ojos para no caerme.

Qué marea en las pupilas, qué cuento de nunca acabar.

Una braza tiene longitud, la otra recurva
hacia la costa de piedras para ganar los cocos.

Un lugar de encuentros casuales es La Boca,
con su tradición de veleros que bajan al río
y una muchacha pegada al gobernable.

Qué duras piernas las mías para no ceder al abrazo de las algas.

Si los peces me llevaran a la próxima frontera
y una vez allí saltase yo hacia el suelo de otro mundo
—como Armstrong o Colón, pero sin fotos ni reproducciones.

Qué marea en las pupilas, qué cuento de nunca acabar,
qué duras piernas las mías para no ceder al abrazo de las algas.

Nadar toda una noche con la mano pegada a los entrantes
y los párpados cansados, subiendo
la fosforescente caja de los que quisieron bailar.

Edel Morales-Cuba




Lo que queda de mí. 



Lo que queda de mi es fácil conocerlo:
un puñado de dioses al pairo
de las losas que los cubren;
la luz -qué luz- de tus ojos
que nunca fueron míos,
tantos soles quemados
por aquellos que más quise,
la caricia en mi piel de unas manos
que nunca presentí dormido,
la pasajera nube hecha de formas
y silencio que enderezó un mal día,
media docena -alguno más, dice el orgullo- de poemas
que salvar de la hoguera que nunca encendí,
los amigos que fueron (y con eso bastó)
la razón de la luna en sus ojos duplicada,
una familia extraña donde todo parecía
estar sujeto con alfileres de ira y convenciones;
qué sé yo, algunas cosas más seguramente fueron razón del estupor
que atravesó mi vida sin saberlo.
Gozar al raso con los ojos abiertos, sea noche o día,
del viento hablador que se enrosca en mis sienes
y soñar despacito (como esa canción absurda)
con lo que no ha sido ni es, ni tampoco será.


Esteban Cabrejas Martín-España




La calle de los sepultureros





En el México mágico y profundo
te ofertan tu tumba en la calle de sepultureros
la gente regatea
para pagar por ella una bagatela.
Nunca vi nada parecido.
Con esa mirada de las cosas
se puede escribir un poema lapidario
donde no haya lamentaciones
ni viudas,
ni hermanos muertos
ni huérfanos.
Algo parecido es hablar de la muerte sin muerte .
Sin querer comprendí un viejo koan de Octavio Paz .
"No hay vida ni muerte,solo hay costumbre"
En realidad,
los muertos necesitan todo de lo que nosotros necesitamos,
si solo supiéramos qué es.


Hector Berenguer -Rosario- Argentina










Quizás seré

Quizás seré
alma entre nubes
y voces al viento,
sinfonía y verso
que cae
y no se destruye.
Volveré a errar
en el camino,
y seré presa
de los avaros,
sabiéndome
mujer de tierra.
Seré tan fuerte
como frágil,
y volveré a ti
para levantarme.
No está de moda
la honradez
ni la palabra,
es débil el árbol
que se cree firme.
Seguiré así
sintiendo al corazón,
cuando me hable
y bajito me diga
que escuche a mi interior.
Volveré para ser
la verdad de un poema
y la claridad de mi alma.
Sino vuelvo, quizás
me aburrí de vivir
en este teatro,
donde nunca actúo.


Isabel Garrido-España







 Obsesión

Del libro  Voces de madrugada






Bebió un trago de whisky. Se armó de valor y se encaminó hacia la casa de su novia. No estaba dispuesto a que la relación terminara así como así. Tocó el timbre. Ella atisbó por la mirilla.Se resistió a abrir la puerta, pero el persistente ring, ring, la estaba ensordeciendo, y le dejó entrar. Al verla, se echó encima de ella con pasión, luego sobrevino la rabia. Minutos después, él yacía en la cama con su corazón entre las manos. Ahora su amor le pertenecía totalmente. Los dos corazones palpitarían juntos, acompasadamente, hasta el último latido.






Jone Miren Asteinza- España






Te miro y no te miro…








Te miro y no te miro, porque
de cualquier forma tú jamás desapareces.
Vas y vienes como la brisa:
mariposa montada en el alma del verano.
Te quiero y no te quiero, porque
igualmente yo nací para quererte.
Y es en vano soslayar este atributo.
Todo está ya consumado como en un sueño.
De tanto corazón quemado, por las brasas de tu ausencia,
me resulta indiferente tu errático vuelo.
Vivo y me desplazo como una flecha salvaje;
corriendo siempre en dirección de tu huida;
buscando en tus pechos una hondonada,
tus ojos impolutos, tu boca purpúrea e infinita.







José Rodolfo Espasa- Argentina






Onírico momento azul…

De: Florero sin número

( III )

Crece tu figura a mis adentros
como lo hace el sol cada mañana,
bañándome con diáfanas luces…
coloridas…fragantes…
envolviéndome con las sedas bordadas
de pétalos que asemejan a tu angelina piel;
y en cada flamear dichoso…
en mis profundidades repites que eres…amor.

En mí crece tu figura…mi reyna luna, 
como crece el lozano árbol de mis sueños,
en cuyas graciosas ramas…
expandidas en chinescas paraguas…
rutilan sus bellas hojas…
y…camuflados entre coloridas flores,
extrañísimas aves canoras me anuncian que…
 el árbol que me sombrea dichoso…es la vida tuya.

Toda tu figura crece en mi…
como crece el día con sus sorpresas;
es una niña cantarina…
que con inocentes travesuras me da vida…
un cristalino rio cuyas mansas aguas me reflejan…
y en cada arroyuelo que a su antojo forma
te presentas… toda tú… toda sirena…
y yo… quedo hechizado, sin remedio, por tus cantos.


Luis Yano Ormachea Méndez- Cuzco- Perú







Como si no  fuera domingo

Como si no fuera domingo, como si no hubiera sol, como si no debiera estar durmiendo, como si no hubiera nadie en la ciudad, la atravieso al alba rumbo al sepelio de Mariana.
Voy negro y mudo, harto de ir a cualquiera de esas salas que tienen nombres de pintores. Esta vez tocó "Caravaggio", soberbio pintor de la desgracia, del claroscuro, de la abyección del dolor.
Se suceden los abrazos, las caras lloradas y me sorprende que el médico oncólogo sea uno de los más conmovidos. También está la psicoanalista que luego me confiará que el noventa por ciento de sus pacientes son enfermos de cáncer.
¿Cómo hará esa mujer para vivir siempre en domingos insomnes, sin sol, en la ciudad vacía?
Alcanzo a decirle (quizá es una consulta) que a mí me pasa algo extraño. Le digo, desde hace un tiempo, me da mucha vergüenza la muerte, y entonces, cuando me enfoca la vista, sorprendida, agrego: -Siento mucha vergüenza que se mueran ciertas personas (el caso de Mariana, le digo) y esa vergüenza me deja inerme, mudo, hasta de gestos para decirle algo a los dolientes, a los deudos.
Aquí hay tres chicos, le digo, como si estuviera apelando a alguien o a una forma de razonamiento. --¿Acaso soy responsable...?
La mujer hace un mohín inolvidable de piedad y sonrisa y me da dos golpecitos en mis manos enlazadas. A mí los psicoanalistas (además de todo), me tocan.
Cuando empezamos el cortejo en El Prado, me pongo a buscar en el pasto el rastro de la escarcha y descubro que en la cúpula de la capilla del cementerio, en la cima (donde debería haber una cruz o un signo de la cultura) hay un equipo de alarma con su campana y sus infrarrojos justo en el centro y en la corona del edificio. Controlado el más allá y el más acá.
Por el campo leo nombres y fechas de las losas que están en la grava. Lo leo, porque es lo que hace mi personaje favorito, Leopoldo Bloom, en el entierro de su amigo, en Ulyses. Memorizo esos nombres, las fechas, les imagino algún destino como si fueran de Spoon River. Manzana 19.
No hay simulacro que pueda embellecer la mierda. No hay selfies aquí y el único milagro es que durante los quince minutos del responso no se escuche, entre la centena de dolientes, ni un solo ringtone, ni siquiera el claxon lacónico de un WhatsApp.
Salgo del cementerio y como siempre, compro plantines de flores en el vivero de al lado. Lo hago en venganza, en lucha con el silencio y la vergüenza. Más tarde, cuando meta en algún pozo los bulbos que ya tienen promesas recordaré que la vida es un dolor pero nadie tiene la culpa..... 





Marcelo Enrique Scalona- Rosario-Argentina





 Imagen



Nace un canto nuevo
cuando el silencio
se queda perdido
en voces y ecos.
Cuando van los pájaros
buscando destellos
de sueños que fluyen
a orillas del viento.
Nace un canto nuevo
cuando tu recuerdo
regresa callado,
a buscar tu imagen
dolida en el tiempo.
Nace un canto nuevo
cuando yo te encuentro,
perdido en las horas
que robó tu sueño
de pájaro libre
que se fue muy lejos.
Y ya no regresa
porque eres misterio
que se lleva el viento
junto a los recuerdos



María Cristina Cordido- Buenos Aires- Argentina




Utopía




Cuando todo parezca haber terminado
por entre las grietas,
brotarán ríos poéticos,
más allá de las palabras.

Hombres y mujeres que sin saberlo
escriben la historia día a día,
en papeles en blanco sobre nubes de cielo,
aunque lleven muy dentro sus penas.

Una mañana con esperanza,
un sol que incandescente quema,
muchos que lloran en silencio,
y otros que luchan o protestan.

Unamos los esfuerzos
comenzamos a sonreír,
a buscar adentro una chispa, una utopía,
a pensar que todavía se puede
renacer con alegría.


María del Carmen Latorre-Rosario-Argentina








Sin lágrimas 







No quiero despedirte con lágrimas 
lo haré con el corazón sangrando 
recordando el último día que te vi, 
un reencuentro que el ayer regresó. 

Hoy ya no estás, dejaste este mundo, 
sin más, la muerte te vino a buscar, 
te arrancó de esta vida, de mí; 
hoy no tengo palabras, solo callar. 

De mis recuerdos no te irás, 
en el antiguo amor te quedas 
para conservarte un poco mío, 
sin que nadie te lleve, ni la muerte. 

Te recordaré como entonces, 
en el otoño caminando de la mano, 
recordaré que fui dueña de tu amor. 
Así te evocaré siempre y sin lágrimas.



María José Acuña Beláustegui - Buenos Aires- Argentina






Pachamama 


  

La tierra sucumbe,
el aire se infecta,
aguas se contaminan,
mangares se extinguen,
montañas sin primavera,
bosques inertes,
desangra sus venas
madre naturaleza.
El cielo se opaca,
mortaja arrecia,
denso celaje
cubre impiadoso
a nuestra madre tierra.
¡Brazos la cuiden,
qué el hombre reaccione,
Dios la proteja,
manos en alto
en plegaria eterna,
corazones unidos
en oración por ella!



Marta Toro- Argentina






La distancia que nos une

Que fácil es mirar el aire,
sentirse pájaro y querer volar
como cometa.
Que fácil es cortar la rosa
del rosal en flor, y quererte dar
todos sus pétalos.
Que fácil es buscar estrellas
para entre todas poder hallar
tu nombre en ellas.

Y...¡Que difícil sin embargo,
sacarte de mi cabeza!

Que fácil sería mirar y callarse
ser pluma de ala que al planear
se bate inquieta. 
Que fácil batir mis dedos, mariposas
que al revolotear
escriben versos.
Que fácil es escribirte poemas
que hablen de amor y de amar...
sin parar en las penas...

Y...¡Que difícil... Dios mío!!!
sacarte de mi cabeza.

Que fácil es querer darse
y en la entrega sentir un pasar
la vida entera.
Que fácil es pensar en cosas
que te daría, y hasta en el mar
besar tus besos.
Que fácil hallar palabras que queman
y sonrisas que al hablar
besan y besan...

Y que difícil, sin embargo,
sacarte de mi cabeza...

La distancia que nos une es así:
yo aquí y tu en ella…




Miguel García Freijanes - España


Recuérdame 





Mañana... cuando el sol se apague
no me traigas flores... que allí no estaré
no vengas a visitarme... compungida y llorosa
porque... no te veré
no quiero oraciones... que intercedan por mí
ante tu Dios imaginario
si existe... estaré a su lado
Sólo recuérdame... como era
cuando era feliz.
Cuando entre flores paseaba... oliendo su fragancia
haciendo competencia a las mariposas...
que en ellas se posaban.
Recuérdame... sentada
escribiendo una canción de amor... de ilusión
recuérdame... intentando subir
procurando no hundirme.
No quiero flores... ni llantos... ni oraciones.
Sólo poesías... canciones.
Sólo recuerdos... de cuando era feliz. 




Neus T.Gómez- España








 Un gesto.





Un momento de amor
que se eterniza
cuando existe permanencia
en el recuerdo.

Ése hecho pequeño
nos hechiza
volviendo a caer en el silencio
del voluble deseo que lo atiza
aferrado al vapor de su comienzo.








Nieves Merino Guerra- Canarias España.















¡Ey, tú!
Del libro Locura, pensamientos y susurros

“Oí que ladraban los perros  como si yo los hubiera despertado ¡Ey, tú! Llamé  ¡Ey, tú! me respondió mi propia voz”
(Pedro Páramo)

Un hombre marcha por una calle oscura. Una farola medio rota intenta rasgar las sombras de la noche con luz amarillenta. Viene de una fiesta. Está ebrio pero no demasiado. Intentó pasarlo bien pero su soledad le ganó y en vez de comunicar con el resto de las personas reunidas en el lugar, se ha negado a sí mismo, estrechando aun más su amistad con la botella. En su deambular provoca la atención de unos perros que tras un muro han sentido su presencia. Él, en cierta forma, también se alegra de escuchar sus ladridos porque el hecho le confirma que está vivo entre tanto silencio y  entonces, les provoca, quiere que ladren más fuerte, que sus voces le hagan compañía, que rompan su soledad, ¡Ey, tú! Les llama, pero no, ellos ya han perdido interés en el viandante  ¡Ey, tú! Escucha reflejado el sonido de su voz.

Un hombre marcha por una calle oscura. Lleva una bolsa de mano, y en ella unas pocas pertenencias, las que ha podido guardar antes que ellos reaccionaran  terminando de vestirse ante la sorpresa de verle entrar en su propio dormitorio. Nunca podía haberse imaginado que una noche gélida como aquella, deambulara aterido de frió entre calles desiertas. Oye ladrar unos perros. Quizás los hubiera despertado. Mira hacia los lados, luego hacia atrás... nadie, todo en silencio. Sus pasos resuenan  rítmicos camino a  ninguna parte. Los ladridos se repiten más cercanos ¡Ey, tú! Les llama. El silencio le responde  ¡Ey, tú! Les grita  y como si alguien hubiera a la vuelta de la esquina, alcanza a oír su voz que le contesta ¡Tú!

Es un hombre que, más que marchar, camina con paso decidido. De vez en cuando, con una extraña cabriola manifiesta su alegría. No lleva nada en las manos que  mueve con energía. Lleva la chaqueta abierta y desea gritar. ¡Gritar al mundo su alegría!. Ella, hace un instante, unas calles más arriba, le ha dado el sí, y con amor le ha besado. Siente el carmín fresco en sus labios y le da igual si es tarde o todavía temprano. Oye ladrar unos perros, ¡Qué más da si los ha despertado! Los busca por el sonido que producen sus ladridos ¡Ey, tú! Les dice ¿Dónde estáis?  No molestéis, es tarde..., y a demás ¿Es que no veis que estoy enamorado?  Y alcanza a oír su voz que dice ¡Ey, tú!  Amado 

Soy un hombre enamorado de una sombra, una quimera, un sueño ilusionante. Voy por un camino que me es desconocido. La sombra esta cerca, casi a mi lado. Corro tras ella pero no la alcanzo ¡Ey, tú! Le grito, ¡Espera,  yo te amo! Oigo el ladrar de los perros, los habré despertado.  Las  estrellas refulgen y del cielo se desprenden lágrimas de luz que iluminan con tal fuerza, que la sombra se transforman en el cuerpo de mi amada ¡Ey, tú! Susurro ¡Detente, espera!. Ella abre los brazos, en ellos pronto me fundo, y lleno de amor, entre el fulgor de los besos que libo en sus dulces labios, escucho mi corazón que dice: ¡Ey tú! ya puedes descansar, estas a su lado.


Rafael Serrano Ruiz. Madrid -España









Sin vos también se vive






Pero no es bueno, no es justo…
Todo queda en mí, en mí se agota
Mis logros, mis esfuerzos,
                       resultan sin destino
Mi casa no te espera
Ya no entiendo a Barthes
vivir sin vos no es sabio
Es demasiado poco
Es absurdo
Es  banal
Sin vos la poesía es tan sólo
palabra
Palabra que ha perdido
                       su luz de eternidad





Susana Corradetti- B Aires- Argentina







indice de autores de Espacio del Poeta Septiembre 2017



Nombre
1ºApellido
2ºApellido
titulo
Pais

Ord
Pag
Ada  
Gil

El viejo y su perro
Argentina
82
1
2
Alibel 
Lambert

Dime
Argentina
82
2
4
Ana María
Manuel
Rosa
El quiebre
Argentina
82
3
5
Ana 
Romano

Adobe
Argentina
82
4
6
Antonio
Monzonís
Guillén
Sabor a poeta
España
82
5
7
Beatriz 
Ojeda

Somos amor
Uruguay
82
6
8
Carlos Alberto  
Gimenez

Cinco lunas
Argentina
82
7
9
Carmen
Guzmán
Cedeño
Nostalgia en alas
Venezuela
82
8
10
Clotilde 
Roman

Sombrío caminar
España
82
9
11
Coco  
Hernandez

Tristeza y esperanza
México
82
10
12
Concha
González

El burro
España
82
11
13
Dalmiro. 
Durán

Palabras para vivir
Venezuela
82
12
14
Diana Luz 
Bravi

La casa de té
Argentina
82
13
15
Edel 
Morales

Toda una noche con la mano en el agua
Cuba
82
14
16
Esteban 
Cabrejas
Martín
Lo que queda de mí
España
82
15
17
Hector 
Berenguer

La calle de los sepultureros
Argentina
82
16
18
Isabel
Garrido

Quizás seré
España
82
17
19
Jone
Mirén
Asteinza
Obsesión
España
82
18
20
Jose Rodolfo 
Espasa 
Muñoz
Te miro y no te miro
Argentina
82
19
21
Luis Yaco
Ormaechea
Méndez
Onírico omento azul
Perú
82
20
22
Marcelo Enrique
Escalona

Como si no fuera domingo
Argentina
82
21
23
Maria Cristina 
Cordido

Imagen
Argentina
82
22
24
M del Carmen 
Larorre

Utopía
Argentina
82
23
25
María josé 
Acuña
Beláustegui
Si lágrimas
Argentina
82
24
26
Marta 
Toro

Pachamama
Argentina
82
25
27
Miguel
García
Freijanes
Que fácil es mirar el aire
España
82
26
28
Neus
Gomez
Tomas
Recuérdame
España
82
27
29
Nieves. 
Merino
Guerra
Un gesto
España
82
28
30
Rafael 
Serrano
Ruiz
¡Ey tú!
España
82
29
31
Susana
Corradetti

Sin vos también se vive
Argentina
82
30
33