viernes, 1 de agosto de 2014

Revista N.º 45 - ESPACIO DEL POETA


         Revista  N.º 45 -  ESPACIO DEL POETA
                                REVISTA LITERARIA DE HABLA HISPANA
                                                                                               Agosto 2014








                        Nora Corradetti                                                      Relincho humano






El cuadro

Rosa y José construyeron su casa, en los suburbios de Rosario. Su vivienda creció casi al mismo ritmo que un maloliente basural.
La hicieron con sus propias manos, sin sosiego y con tesón. Les alcanzó para cuatro paredes y el techo con un agujero que funcionaba como chimenea. Los huecos de las ventanas, cubiertos con plástico. Más tarde consiguieron maderas y chapas que alcanzaron para hacer una puerta guardiana. Con sobrantes de maderas y algunas cañas hilvanadas con alambre, construyeron un rústico cerco. Fue una forma de delimitar su lugar, el territorio que querían mantener aislado de la zona de los basurales. Basurales que estéticamente aborrecían, pero que comprendían eran parte del sustento de ellos y sus vecinos.
Habían pasado ya cinco años y aún no habían podido terminarla. La fueron amueblando con una heladera abandonada, una mesa destartalada, un televisor regalado y otros precarios muebles, que la sensibilidad de María acondicionaba, devolviéndoles el brillo y la estética perdida.
Poco a poco fueron ampliando la casa, dándole la capacidad apropiada para albergar a varios niños. Deseaban tener tres hijos. Para desencanto de ambos, éstos no llegaban. Esa ausencia, algunas veces, conseguía ensombrecer la alegría de estar juntos. Anhelaban a esos hijos que, ya de algún modo, rondaban por el hogar.
La vida, desde muy pequeños, los había acostumbrado a postergaciones lacerantes, umbrosas, inspiradoras. Siempre lograron acometer contra ellas, porque estaban convencidos de que habían encontrado el camino adecuado para dominarlas. Priorizaron los avances mínimos, se aferraron a ellos, aprendiendo a contentarse con lo escaso.
Rosa, había nacido en una villa, con padres siempre ausentes. Desde pequeña evidenció una sensibilidad especial por el arte. Le encantaba pintar. Lo hacía con lo que encontraba tirado, trozos de lápices, tizas, carbones. Todo le servía. Esa vocación, nunca estimulada ni en su casa, ni en la escuela, era su obsesión. Ella sólo se sentía plena cuando podía plasmar su enardecida imaginación, en un rectángulo blanco, ausente de toda ausencia. Pintaba para resguardarse de lo que le producía dolor, para atesorar el tiempo y las imágenes que la vida se iba llevando.
Lo hacía frente a un viejo caballete que su marido, a escondidas, había restaurado en el taller de un amigo. Lo había encontrado abandonado en la vereda de una gran casa. Con alegría lo trajo un día de llovizna y viento, envuelto de un modo que desorientara su intención de adivinar el contenido, lo adornó con un gran moño de papel. Cuando ella abrió el paquete quedó fascinada. Colocó el caballete junto a la ventana. Ese ventanal, que le permitía observar a cada uno de los personajes del lugar. Desde esa atalaya sondeaba la síntesis de ese trozo viviente del barrio, imaginaba sus vidas, tan vecinas y tan distantes.
Cierto día comenzó a observar la presencia de un niño, menudo y taciturno, que siempre llegaba a la misma hora, se sentaba en el cordón de la vereda, siempre en el mismo lugar, permaneciendo silencioso y cabizbajo gran parte de la mañana. Parecía que dormitaba. En un determinado momento, como si las campanadas de un reloj le hubieran anunciado una cita exacta, se levantaba y arrastrando un andar lento, se perdía en el basural.
En el barrio lo conocían por su apodo, Pelito. Quizás fuera por el mechón desparejo y rubio que se asomaba por su gorro encasquetado hasta las orejas, ese gorro que nunca permitía ver sus ojos y que Rosa imaginaba tristes y ausentes, siempre fijos en sus zapatillas rotosas. No estaba solo, lo acompañaba un tosco carrito y un perro negro y pulguiento. Era cartonero. El niño, el perro y su carro, hablaban de mugre, desamparo, tinieblas.
A Rosa le producía dolor y enojo esa imagen infantil agobiada. Simbolizaba la cruda realidad de una sociedad que hace poco por alojar sonrisas en los labios de tantos Pelitos cartoneros. Niños frágiles que no merecen estar peleando la vida de esa forma. El tiempo de ellos debería ser el de los juegos, los barriletes, las bolitas, el balero.
El niño, su perro y su carro, se fueron convirtiendo en parte del paisaje del barrio. Todos querían ayudarlos. Pero la pobreza poco puede hacer por los pobres.
Rosa muchas veces se había acercado a él y le había dejado abandonado algún dulce al lado de su cuerpo encorvado, siempre vestido con la ropa de los otros. Jamás levantó la cabeza, sólo hacía un leve saludo de agradecimiento, con una mano avejentada a destiempo, de uñas negras, siempre sumiso, aceptando con mansedumbre su destino.
Un día primaveral, muy luminoso, comenzó a pintarlo, febrilmente, como poseída. Con ímpetu fue dando forma real a ese niño etéreo, que aparecía y desaparecía de sus días sin permiso. Ya no necesitaba verlo para encarar con furor y anhelo su retrato.
En ella nació un amor impensado por esa criatura. Lo esperaba anhelante todas las mañanas. Mientras lo pintaba su corazón se armonizaba. Así día tras día fue componiendo el cuadro, a las semanas sólo le faltaban escasas pinceladas.
Un día lluvioso, de espesa niebla, frío, tremendamente frío, se acercó a la ventana y no lo vio. Pensó en que estarían protegiéndose del aguacero. Cuando dejó de llover comenzó a esperarlo, una, dos, tres horas, con ansiedad, angustiada. Ni Pelito, ni su perro llegaron. Al principio se sorprendió, luego comenzó a inquietarse. Un incómodo malestar se instaló en su estómago.
Se dio cuenta de que en ese niño, había depositado muchos anhelos y esperanzas, quizás su frustrada maternidad. Sentía que lo amaba, hasta había fantaseado en que podía convencerlo para que se quedara a vivir con ellos. Lo había hablado con Juan y estaba de acuerdo. Pelito ya era parte de ese hogar que ansiaba anidarlo. Quería decírselo, una prisa sin control la oprimió. Salió a buscarlo. Pensó que había cambiado su lugar de reposo y hartazgo. Recorrió cada recóndito lugar del barrio, dominada por una fuerza irrefrenable. No lo encontró. Con desasosiego regresó a su casa.
El cuadro y ella gemían por él. Se detuvo frente a la tela, observó sorprendida que sólo faltaba pintar sus ojos, esos ojos esquivos, que su gorra encasquetada le negaban ver, color ignorado y furtivo.
Volvió a mirar hacia la esquina, su ausencia esta vez la aterrorizó, salió de su casa atropellada por la angustia. La voz de Nora, su vecina, frenó su alocada carrera. ¿Viste lo que pasó con Pelito?, le dijo con voz acongojada. Lo encontraron debajo de toneladas de basura. Creen que fue a buscar su pelota y que el camionero no lo vio. Lo aplastó con la mierda de todos. Su perro no dejaba de ladrar dando vueltas alocadas por el basural. Fue por él que presintieron que Pelito estaba allí, ahogado entre los desechos. Cuando lo encontraron respiraba levemente, aún tenía la pelota aferrada entre sus manos. Su perro lo olfateó, lo lamió y se acurrucó a su lado buscando el amparo de ese cuerpo aún tibio. Cuentan los que llevaron a Pelito al hospital, que no lo abandonó, corrió veloz atrás de la ambulancia y luego se quedó jadeante en la puerta, con su cabeza gacha entre las patas, esperándolo.
María comenzó a rumiar hasta que su voz se convirtió en rugido: ¡Dios! ¿Dónde estabas? ¿Por qué lo abandonaste? Pelito quería jugar, con su pelota, con su perro pulguiento… ¡Era sólo un niño desamparado! Su grito gutural rebotó por las paredes, por las calles, en el barro.
Corrió hacia el hospital. Preguntó por él.
- ¿Cómo se llama?
- Le dicen Pelito.
- Nombre y apellido señora.
- No lo sé, sólo lo conocíamos por Pelito.
- Señora… ¿sabe la cantidad de niños que entran por día a este hospital? Busque en la guardia.
Allí fue. No había nadie. Sólo una camilla tapada con una sábana deshilachada. Su corazón desenfrenado no le daba sosiego. Corrió la sábana. Allí estaba, era él. Sus ojos aún abiertos, se clavaron en los suyos. Comenzó a temblar, le cerró los ojos, unió sus manos de uñas negras, avejentadas a destiempo y las colocó sobre su pecho frágil. Salió a la calle, buscó al perro pulguiento, con una mirada lo invitó a seguirla. El perro se acercó, como entendiendo lo que había pasado, se puso a su lado.
Caminaron lento, ella envuelta con una mortaja de rabia y vergüenza. Llegaron a la casa. Se ubicó frente al caballete, el perro, dócil, se echó a su lado.
Ya era tarde para concretar otros sueños, sólo le quedaba terminar el cuadro. Ahora ya sabía cómo hacerlo. Tomó la paleta, aferró el pincel, apretó con furia el pomo y dibujó en la cara de su Pelito, dos enormes ojos marrones y esperanzados.

Ada Gil- Rosario –Argentina




ANOCHE TUVE UN SUEÑO


Anoche tuve un sueño:
un mundo sin armas, una vida sin VIOLENCIA
hermoso destino, frase en un hueco
sueño ¿tienes esperanza?

Guerras que explotan en la mirada del doliente
crímenes de la áspid contra la paloma
versos que piden paz

Ayer vi :
Secuestros que comen fuego
blasfemias que queman centauros;
Comiendo a la sociedad
cogiéndole una pata

Verdad que aterroriza
como los gritos de alabanza
en tiempos sin fe

Así está todo marchito
con las rosas muertas ya
sin espinas para defenderse

El alba sin salir ¿será el fin de la noche?
Tinieblas sin amenazar a la luz
es mi sueño amedrentado
que sigue todo día a día

El oráculo que no tenga nombre
el destino que rojo ya no sea,
y que la suerte negra…
Se evapore de las noticias.

Es lo que pido sin cansancio

Despertar el cielo a la realidad
no es lo mismo soñar o mirar al eterno
que enfrentar el mar
sin ropa y en la soledad
con el frío viento de la violencia
golpeando las carnes.

Alejandrina Arias- Autlan- Jalisco-  México




Cercenamiento






En antesala
la metamorfosis


y presagia


La cortina insensata
es rasgada
cuando se la retiene
al mandato.





Ana Romano- Buenos Aires- Argentina








La locura y el deseo

Cuerdas de guitarra suenan,
primero con unos tientos
luego puntean las cuerdas,
con quejíos y lamentos.

Siete gitanas bailando
con batas de crespón negro,
y un gitano como un nardo
está esperando el momento.

El violín y la flauta,
la guitarra y el palmeo,
la faca golpea el suelo
embrujo del curandero.

Siete gitanas bailando
con batas color morado
y en esta noche de luna
la faca lanza destellos.

El gitano y la Candela
se chulean en la danza,
sus miradas son de fuego
como una llama que abrasa.

Siete gitanas que lloran
rompen con el sortilegio.
Cuatro manos que se tocan
y la locura en los labios.

La gitana va mirando
estremecerse al gitano,
mientras él...le va rasgando
la bata con sus dos manos.

Antonio Monzonís Guillén- Valencia- España

Soledad me has derrotado






La soledad me agobia la garganta.
Un agujero astuto apresa mi nostalgia
y secuestra el sabor de mi sustancia
Nadie escucha mi grito de dolor
ni mi ocaso lo ve ningún paseante.
Mi carne seca cruje
se desprende
y mis huesos se quiebran corroídos
por la humedad escrita
con mis lágrimas.
Permanezco en mi cama hospitalaria
con los ojos vacíos de esperanza
y me hundo en la grieta
de los mudos
pues no tengo palabras
en mi boca
sellada por la ausencia de una mano
que se apiade de mí por un instante.
Un instante de luz sobre mi almohada
que inundara de amor
mi vida parca.
Pero el viento veloz y la tormenta
desbastaron el intento solidario
y cansada de ser sólo un fantasma
me arranco el corazón
y lo deserto
Soledad me has derrotado.



Beatriz Ojeda- Montevideo- Uruguay



Masticación






Se me desgarra junio
en la ventana del alma
con un maullido de viento alargaaaaado.

La casa sufre
desvestida de otoños
atravesada de silencios
desterrada del sol.

Yo / massssstico los miedos.

    








 Belkys Larcher de Tejeda- Coronda-  Argentina






Salmo de amor olvidado (Morir de pie).

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

Vértigo, prisa, vorágine… todo contribuye.
¿Serán las noticias en dominó de violencia y de pánico?
¿Las imágenes televisivas cotidianas, catástrofe y dolor?
¿El salario insuficiente, el individuo obsesionado?
¿Correr y no llegar, buscar y no encontrar, desear y no tener…?
Tormentas de ambiciones, sentimientos nublados

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

El ser humano y la oscuridad de hoy
Miseria, inseguridad, fobia, deambular apresurado
que no alcanza para escapar de una realidad que golpea,
para disimular la mirada que evita al niño abandonado.
Jueces/fiscales de una sociedad que apresa y condena
al que refleja sus propias miserias, con veredicto de antemano.

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

La mentira, emblema de acusado y patrocinio,
zafar, escapar, salvarse a cualquier precio… triste hábito.
La palabra, mustio arte, desequilibra la justicia.
¿La víctima?... a un paso de volverse victimario
por la pericia inescrupulosa de estudiosos profesionales
que justifican el fin con sumarios insensatos

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

El Cielo… es sólo espacio, el Paraíso… mero árbol,
el Edén… suena a poesía, el Purgatorio… un ente abstracto.
Salmo… una forma de cantar, lírica y anticuada,
utopía vetusta de los curas… la Comunión de los Santos.
Los sacramentos… exigencias eclesiales de otra época,
política extemporánea… las epístolas de Pablo.

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

El Amor, la Palabra que salvó al hombre de la esclavitud,
ese tratado que yace en un cajón, polvoriento y cerrado.
la Palabra… la que no miente, que vivifica, que entusiasma,
es un libro más, que no abrimos, que muchas veces evitamos,
tal vez porque nos acusa, nos remuerde, nos señala cómo,
subidos en alas de la urgencia, del Amor nos olvidamos.

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

Con ésta filosofía… no es raro enterrar al Amor aún con vida
que insiste en llegar al hombre con esfuerzos denodados,
que siempre intenta, que continúa enviando señales,
aunque sus propios hijos mantengan los párpados apretados,
que se niegue a ver, a sentir, a comprender, a sospechar
que el Amor está de pié… tendiéndole sus manos.

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!

¿Dónde quedó el Amor en nuestras vidas…?
Cada uno de nosotros deberíamos preguntarnos,
aquel que nos enseñó a amar en cruz, que nos duela cada músculo
de tanto dar, de servir, de amar, de tanto darnos…
¡No miremos a otro lado…! No arroguemos indiferencia,
Cristo nos volverá al Amor, en comunión, en cruz… en cada ser humano.

Cómo nos hemos olvidado del Amor…!
Aunque el Amor continúe de pié, tendiéndonos sus manos…



Carlos Alberto Giménez-Ushuaia-Tierra de Fuego-Argentina.

Mándala

Ritos paganos
en esta noche conjurada.

Salgo al claro alunado,

para estar junto a tu fe,

junto a lo que crees.

Mirarte y mirarme en las llamas,

que flamean en mis ojos,
como símbolos extraños.

Misterio y revelación.

Y ahí vienen los ancestros,

a recordarme mis inicios,
que había olvidado,

que había sepultado,

más allá de la fronda,

más allá de la cruz.

De la tuya y de la mía.

Devoción y entrega.

Y toda la herencia,

en ese torrente de luz.

Oscuridad que agoniza,

en este trance de desmayo.

Secreto y meditación,

en la puerta del mándala,

Ahí guardas,
todas las respuestas,

todos los designios,

Y las caras que se han ido.




Carlos Brid -Tigre- Argentina

La Patagonia

Nuestra inmensa Patagonia
tiene una gran herida
la erosión fue producida
por demasiadas ovejas
el hombre siente su queja
y no llega a comprender
el suelo es como la mujer
solo hay que acariciarlo
y si se nos va la mano
es muy caro remediarlo


Si no hay suelo donde crezca
el coirón y el calafate
gran preocupación les late
a los guanacos y maras
como lograr la patriada
de aumentar la población
si la gran desertización
que el hombre ha provocado
nos hace pensar a todos
en irnos para otro lado.


Hay que dar tiempo a la tierra
donde hubo dinosaurios
respetarla es necesario
por la gente y el ambiente
más tarde hay que ser prudente
con lo que el hombre produzca
trataremos que se luzca
por bien de nuestra Argentina
con producción sustentable
salvaremos nuestra ruina.




 Guardaparque  Carlos Corbella- Córdoba-  Argentina





Construyo sobre una ausencia



Construyo sobre una ausencia
Que denota tu ausencia...?
Una incipiente corola abriéndose tímidamente
al tibio rayo de luz....
O una efímera mirada donde titila un diminuto lucero en plena mengua...
...O mis labios aun con una gota de miel...
Temo se vuelvan  salobres.
Sin el frescor de tu boca!!


La dejaste en abandono!!...
Ausencia, ausente tus manos, ausente tu voz...al irte de mí, no del todo te vas!!
Apura tu paso...pues las hojas del otoño vienen danzando sobre mí...
...mientras te alejas en anodina ausencia...
...construyo otra historia...

Abriré ventanas ,donde brisas nuevas, despierten mi cara!!
.....Que barra las hojas que yacen en el suelo…
...Que sutiles sonrisas me guiñen los ojos...
...Que una madrugada por abrigo tenga, no mis cobertores,...sí; el calor de un cuerpo
    que me arrope toda de fragancias nuevas!!!

Que al voltear me mires con la candidez de un niño...pero en la entrega seas brasa de buena leña!!
Que en sutil olfato...se volatilicen el olor a lluvia...sobre mis mastrantos...

Mientras. Voy soñando, te voy construyendo, Intentando sea...el efluvio justo de mis pretensiones!!
Que nuestro piso, sea de amor siempre dulce...pero fuerte, fuerte  como marmoleta...que viene rodando, por río cristalino!!
...Tu ausencia, aun la respiro...más con argamasa de aromas de miel...de miel y corolas abiertas, festivas...
voy  untando piedras..que vuele la ausencia...pues, en mi muralla se destila amor!!!
...Mis pasos caminan, ...clamando un "por siempre"


 Carmen Guzmán Cedeño- Curmaná- Venezuela


Como en la infancia



Como en la infancia
Como en los sueños,
entre las nubes y los montes,
entre las lagrimas y las lluvias.

Apareces tu,
pura y blanca... luna.
Luna madura que se viste de bruma.
que se esconde y me alumbra.

Apareces Tú,
Compañera de juegos,
celestina de corazones,
consoladora de males y dudas,
como sol de la noche... ahí quedas.

En el cielo colgada
como vigía de mis sueños.
como luz para mis oscuridad,
como beso en la mejilla... Mi Luna.







David Valdés Belinchón- Arganda del Rey- Madrid


México es una mujer
México late,
 México llueve,
México vive
en sexo de luna.

Si saben los labios a pulque y tejuino,

si brilla en los ojos un gallo de oro,

si guarda la voz unos ecos antiguos
entonces la sangre que moja
la carne por dentro,
engendra el rugido
del pueblo guerrero.

El pelo, racimo de trigo, algodones,
frijoles y sorgos: manojo de soles.

Atrás, mil poemas enjuagan la espalda
con agua de dulce: de lago Chapala.
Al este y al sur, los pezones erguidos
de lima y cilantro: cebolla morada;
los pies insurrectos que huelen a pólvora
se alivian autónomos, libres: pueblo guerrero.

Y el oro más bello, entre azahar, camachuelos
y cerros de plata, soñando el sueño azteca;

suspiro nostálgico, hondo, querencia de amor,
deseo salado en las noches insomnes:
amo el pueblo guerrero porque a ella se parece.
México late,
 México llueve,
México vive
en sexo de luna.

David Reverte López- Alicante- España


                                  De   “Los labios de la negra”

                                                      I

Llegué transpirando la tarde temprana. Disfruté del viaje. El cielo errante  entre hondonadas y despeñaderos. Mi primo esperaba inquieto buscando el bus.  ¡Tantos años! Nos abrazamos y luego de intentar unas risas, pero más que nada mirarnos,  reconocernos, me llevó a la casa y corrí  a la glorieta. Los labios de la negra estaban ahí, ondulantes delfines rumbosos, esperando quién descifrara el enigma mientras los siglos pasaban. Tomamos té, tantos años, cuidamos de no nombrar, fingimos no saber, elegimos no  imaginar.  Los recuerdos  me atravesaban como los cerros de mi niña. A los pocos días  se fue a la capital a trabajar  mientras  tanto yo seguía en la casa con mis  días lejanos, perdidos y queridos. El viento me traía el rumor de la negra, ladridos pausados, aleteos, zumbidos, trinos. Cada cierne serrano, guardaba  la hondura de  años atrás.
Al tercer día  me sentía sola,  las realidades  hermanas del té y la danza de Jay  me acorralaban. Mi cama se veía tan chica. Llamé a Clara,  ella insistió en que regresara. Quería contarme del tango  y de unos hechos confusos con un abogado amigo mío. Me prometía un té especial, un té de reinas. No pude darle respuestas  ni pude  reponerme.  En un ataque de enojo tiré varias cajas  y estrellé las pirámides y saquitos contra el cantero de las lavandas.
Pere volvió antes de lo planeado. Me regaló una manta tejida en telar, anaranjada y blanca, me envolvió y apretó fuerte, me inundó esa tibia templanza  familiar, ancestral.  Podía confiar. Hablamos mucho, yo con mis inquisidoras cuestiones sobre los labios de la negra y mi compulsa revisionista sobre el enigma. Él tenía sus propias conclusiones, yo no lo sospechaba.  Los labios eran dos, sólo que el de abajo estaba estirado y serio, la negra estaba siempre enojada con él, lo odiaba desde chico. Cocinamos, leímos viejas cartas, cantamos otra vez. Jugamos a la canasta,  tomamos más té y fumamos cigarrillos negros frente a los labios negros de las noches, poniendo el humo azul en el surco profundo, visceral, abierto y muy ancho que formaban con el cerro. Un juego infinito de planos infinitos hasta el centro de la tierra. Los pintamos  de rojo, rosa o azul,  maravilloso desplegar y pintar plano tras plano, hasta la punta del lápiz, hasta el embrión poblado de la boca verde amarronada.

Me fui a caminar, quería estar sola. Y aquella mirada del monte profundo me llamó. Escuché su voz todo el día y al atardecer me hundí en la boca. Recorrí la sierra por detrás, por dentro, entre las matas de salvia y peperina, descubrí las moras escondidas entre las siemprevivas tensas de humedad. La piel de gallina me inundaba dentro mientras buscaba las ramas perdidas. Pura percepción, puro testigo, me detuve allí mismo. Era mi propia voz, mis ojos reencontrados. Los años pasados, postales sin forma, sin detenerse, cambiantes y constantes,  acariciaban mi piel original.  El anís dulce en la lengua y ese olor… lavanda. Era ella otra vez. Guiándome, me despeinaba de flores. No sé cuánto tiempo  pasó,  entregada se me olvidó. Enfrentada a mí, viéndome, oyéndome,  ya no percibía mi cuerpo desvanecido, uno con los cerros. Éramos  nube y roca, verdes, a veces cielo.   Y  sentí el camino, el amado y sagrado del que siempre fui parte,  supe  la niñez devuelta a mis deseos. 
Las preguntas entregaron la revelación, siempre estuvimos juntas.   Sentada en la ladera firme,  canté con la voz más profunda y absoluta de la que emanó una luz igual, blanca, intensa como la  palabra misma, la repartí a toda la tierra y  volvió a mí enaltecida  para sanar a quien la había desamarrado. Una grulla voló chillando sobre los cerros,  me atravesó o quizá salió de mí, en mis ojos la luz había borrado las fronteras. 



II

Regresé. Pere dormía profundamente envuelto en mi manta soñadora. Preparé una roseta de té y serví dos tazas ceremoniosas.  Lo sacudí un poco y despertó. Me acurruqué en la hamaca y me envolví con él.  Y entonces, empezó a hablar muy cerca de los labios, de los míos:
- ¡Lali! Te fuiste y me dormí. Soñé con vos, casi como hace treinta años. Con los ojos apretados para no despertar.
- Contame, yo también tuve un sueño, creo… ¿Qué soñaste? No me dejó terminar, movía las manos, alzaba la voz.
- Soñé  que habías tenido una hija.  Yo debía cuidarla porque  siempre tenés  mucho que hacer, no hay tiempo. Me decís que algún día vas a volver. Apurada siempre, me das a la niña y te vas.
-¿Estoy aquí, en las sierras? –las preguntas me alentaban.
- Estabas  acá, o en Rosario, en el río,  eras un dibujo de un libro de mi infancia, entre las hojas de la escuela. En la espesura azul y verde de Córdoba, entre las lunas de algún mar legendario. A veces tan niña,  o una mujer mayor, adusta,  apurada hasta el final.
-¿Apurada? ¿El final?
- Te vas, te vas, y yo, con tu hija en los brazos, te grito fuerte antes de que cierres la puerta, quiero saber cómo se llama tu hija.
-¿Cómo se llama?
Y me miró con esa mirada antigua de los cerros voluptuosos.
-  Me  dijiste sin dudar,  lo que yo  presentía.  Hace treinta años que se llama Aurora.
-¿Vamos a buscarla?




Diana Luz Bravi Torras : Rosario- Argentina



Dimidium





La vio pasar
a medias tintas,

partida al medio,
a medio vivir.
Y la siguió
para alcanzarla
a medio pelo,

a medio camino,
a medio amar.





Diego Santiago Cazzaniga- Rafaela-Santa Fe- Argentina










Mirada insoportable



Hay una mirada que no soportan mis ojos.
Es la tuya,
despreciable dama de ojos dorados,
dueña de las alforjas que acometen a mis hijos,
cantora de los cariños que faltan a mi corazón,

hay una mirada que no soportan mis ojos
y es la tuya,
despreciable dama de ojos dorados,
síndrome de abstinencia para mi corazón desolado,

hay una mirada tuya,
brisa colgante que derrite mis anhelos,
que deja sin aliento mis zapatos más profanos




Diego Miró Quesada Mejia- Lima- Perú











Galán de Noche




Para qué pide cariño si rechazo su requiebro,
para qué robar del árbol una manzana verdosa,
para qué sentirme bella si sabe que soy hermosa,
¿Para que…? Galán de Noche, si sabe que no le quiero.

Para qué quitar la duda que atenaza su garganta,
¿Para qué…? si su templanza le arrebata el desafuero,
para qué quiere tenerme si en el sueño me quebranta,
para qué mi rapto impuro, si sabe que tengo miedo.

Para qué usar una escala si en su rango no hay constancia,
para qué mostrar linaje si su mano no me alcanza,
para qué fruta madura, si con la escarcha me muero…

para qué seguir desnuda si me roba la elegancia,
para qué rogar al cielo con premura y destemplanza,
¿Para qué jugar la danza de unos versos que no quiero?

Dórigo Alegezzo-Madrid -España








  Festejo

Todo era algarabía en la pequeña playa, a 200 metros del bosque.
El grupo de la Colonia “Niños felices” había conseguido el permiso para salir ese sábado y, por supuesto, lo disfrutaría a pleno.
La impulsora de la idea, y organizadora, había sido Melanie, quien, además de ser Asistente Social, cumplía en el establecimiento la función de kinesióloga. Y amaba a sus cariñosos “chicos down”.
El grupo lo conformaban dieciséis chicos y chicas de entre 8 y 14 años; a algunos los acompañaban sus madres, o alguna tía y, en el caso de Adriel, su madre y sus tres hermanos, puesto que se festejaría su cumpleaños número doce. Justamente, el mayor de sus hermanos practicaba por enésima vez el “Happy birthday” en la guitarra y bajo la aprobación de Lucas, el profesor de música. Atento también el profe de educación física, Efraín.
El sol atacaba sin vergüenza. Minutos después de llegar Melanie y yo habíamos untado a todos los chicos con crema con filtro solar 50. Nosotras, aunque en shorts y musculosas, no necesitábamos tanto cuidado; ya estábamos bastante bronceadas. Y los que querían estar fuera de su alcance podían refugiarse bajo la sombra del gazebo, donde ahora la familia de Adriel disponía las bebidas y la torta para el festejo.
Pero antes, por supuesto, todos nos daríamos un buen chapuzón.
Todavía jugábamos en el agua cuando oímos el estruendo, y lo que nos pareció un grito. Enmudecimos; todos miramos hacia el bosque pues de allí emergió la bandada que por un momento nos ocultó el sol. Entonces vimos al animal, un caballo desbocado, enmarañado en una especie de red de pescadores, tan asustado que pensamos que nos embestiría. Se adentró en el agua aturdido por el disparo y el griterío de los chicos.
De inmediato, Lucas y Efraín se lanzaron tras él para intentar ayudarlo a desembarazarse de la red. El animal dio tantas coces que el atalaje quedó destrozado. Pero lograron calmarlo con múltiples golpeteos afectuosos.
Reunimos a los chicos con cierto nerviosismo y apresuramiento por no saber qué estaba sucediendo.
Al llegar al gazebo, con la intención de secarlos y tranquilizarnos todos, encontramos a Adriel sentado en el suelo arenoso, rodeándose las piernas con los brazos y hamacándose, en la más completa soledad.

                                                                           
Egle Frattoni Romano- Rosario- Argentina










El Regalo




En un rincón de la vida
sabremos de soledad.
Y nos podremos codear
con lo que solo tenemos.

Un archivo de recuerdos
que nos tratan bien o mal,
consiguiendo rescatar
al ser que tenemos dentro.

Solo surgen como obsequio
alguna sonrisa amada.
y una adorable mirada
que nos alegró el sentido.

En nuestros brazos rendidos
queda azorado el regalo.

Un recuerdo valorado.
de la que nos ha querido.

Escritor Ingel Lazaret- Carmen de Patagones-Argentina




El leproso







Echado de los hombres, nada espero.
Mi carne es mi sustento.
La noche, mi descanso.
El sol, todo mi abrigo.
Y el viento mi carne lleva
lejos mío.

Caminante,
no muestres piedad por mi destino,
ni pongas tus ojos en esta carne muerta...
Aléjate, esquiva la presencia
de aquel que por la muerte está maldito.








Ezequiel Feito- Buenos Aires- Argentina








La Solidaridad




Desátanse mil furias...
...pero alguien me iza al sol:
¡supero agrias penurias
por tu dulzura en flor!
Te abrazo y me abrazás...
...¡y ahí va la respuesta,
alzándose dispuesta
a dar su fruto y más...!
Jardín: ya no me ahogo
en mares de dolor,
¡y nado en pleno pogo
y vuelo en tu canción
de trino y claridad...!
Y ahí va el nuevo día...
¡ llamando a una alegría
que siempre hay que librar!!!



Fernando Adrián Zapata- Concordia-Argentina








Persiguiendo un sueño





Caminando por la vida voy
cantando, soñando despierto,
recibiendo la lluvia y sembrando esperanza;
no entendiendo muchas veces al dolor ,
o a la alegría que hay en los caminos.

Me gusta encontrarme con un niño,
conversarle a un cachorro,
escuchar la naturaleza toda,
respirar el olor del mar, beber
de un vino con mucha historia.

Ave de paso soy, de un lugar no soy,
suelo pensar cuando descanso,
y me digo de aquí no soy y camino,
guiado por la esperanza y persiguiendo un sueño.


Fernando Hernández Iglesias- Niteroi- Río de Janeiro









Te quiero



Así cómo nacen las heridas en susurros inaudibles
así es la pasión indiscreta que censura la paz de mi sueño
es como fingir un te quiero para acallar los miedos
es dañar la imagen de la interminable fila de recuerdos.

Un contraste casi imperceptible al reflejo ajeno
Pero que trasciende cada noche y traspasa mis anhelos
Y las horas aclarando mientras bañas mis sentidos
te reciben con la sutil ilusión de nacer de nuevo.

Vienes en discreta y titilante luz divina, pero...
mientras tu fulgor me alcanza, y el sonido duerme
me acurruco en espiral, esbozando una sonrisa.

¿dónde acaba el reproche de un lejano sueño ?
Si atravieso hoy tu alma entre flores cristalinas
tus suspiros desataron un destello que aún persiste
y me cubre ahora tu esplendor sincero, que me dice
al oído, con su tenue voz… ven amor te quiero.



Grissel Canche Albornoz- Mérida-Yucatán-México







Siéntate a mí lado vida mía

Siéntate a mí lado vida mía
y miremos el río que nos traspasa sin tiempo.
Yo no quise para mi este destino,
esta serpiente de túnica encantada
del color de nuestros íntimos deseos.

Carne que me levantas aun
entre los vivos y los muertos
entre dos mitades repartidas.

¿ Puedes mirarte en ti ?
¿ aun puedes mirar y entrever quien soy ... ?

Así podremos llamarnos
necesarios y amigables.

Yo quise ser alguna vez
como aquéllos que se confiesan simples,

no pensar jamás en los crímenes del alma.

Quise un día
una vida resguardada.

No elegí este doble exilio
entre el silencio y la palabra.

Ni un instante pude evitar estos dolores
conciencia ajena y mía...

De un abismo a otro vamos
tan desconocidos.

Héctor Berenguer- Rosario- Argentina.

La boda

1-Los previos
Revelando los vestigios de la tranca de la noche anterior, los ojos rojos de Camelio tratan de hallar en el obscuro pasadizo, una puerta que lo lleve a la cocina, en donde servirse un vaso de agua helada que lo refresque de una sed inmemorial que le da vueltas como mariposas ciegas por el estómago. 
¿ Qué tal estuvo la despedida? Pregunta una voz femenina desde el umbral, 
Camelio trata de evitar recordar el aroma de perfume barato que le da vueltas por la cabeza, y las imágenes de mujeres exuberantes, vulgares, y de traseros moviéndose que se escurren en su mente, así como la voz del dueño del prostíbulo, un negro marica que saltaba coreando Camelio no se va, no se va, 
Camelio no se va…
Como toda despedida, un grupo de bebedores demasiado entusiastas, responde Camelio,
La novia, Lucecita apunta, yo solo he pensado en la boda, de la casa a la iglesia, del altar a la recepción, de la recepción a la luna de miel, No sigas dice Camelio, quien distingue el cuerpo de Lucecita en baby doll a trasluz, no sigas dice, porque abrevio, empezando a sentir un irrefrenable deseo por la silueta que se impone, atractiva, deseable, triunfante, en el fondo de sus ojos. 
A esas horas, a 300 kilómetros hacia el norte, María Tormenta se ha levantado de la cama con opresiones en el pecho, el solo hecho de pensar o imaginar a Camelio en brazos de otra mujer, le estruja el corazón, le quita el aire, le genera diversos rostros de odio. 
El día anterior, ha visitado al Obispo, viejo amigo de la familia, antiguo amante de su tía, al que ha recurrido para evitar que se consume una boda religiosa, ilegal, ya que Camelio es aun su esposo ante las leyes del registro civil, el hecho de no haberse casado por la fe, debido a su condición de divorciada en un compromiso anterior, no le da carta libre a su marido actual, de acometer con una boda, a todas luces adulterina, así sea escondida en una provincia del país. Monseñor le ha dado la razón, le ha dado consuelo, la abrazado, le ha prometido impedir la boda y de paso la ha punteado sibilina-mente, con la fe en el objeto del deseo que solo tienen los más preclaros arrechuchos. Manteniendo abrazada a la devota, marca un número en el aparato telefónico, 
Alo, con el padre Chacaltana por favor, dice, con un tono autoritario pero educado, Al otro lado de la línea , una voz se deshace en bendiciones…Mire padre, la iglesia no es un antro de alcahuetes, el Sr. Camelio Del Pozo es casado civilmente, y no puede contraer matrimonio religioso –sin incurrir en bigamia, porque algo valemos para las leyes de mierda- con la Srta Lucesita Cosentino, Usted no va a realizar esa boda o yo mismo me encargaré de que dicte catecismo en Puno, allá por Pomata, 
¿ estamos claros Padre Chacaltana? Un si lánguido contesta desde el otro teléfono, en verdad lo que piensa es si va a tener que devolver el dinero recibido por no poder realizar el matrimonio, entonces cuelga apesadumbrado. Mientras en el otro lado del hilo telefónico y mientras sigue abrazando a María Tormenta, el obispo, como cuando hace uso de su poder, siente que eyacula profusamente mojando la sotana.
2-La boda
Flores blancas, lazos blancos, una impecable alfombra blanca, la novia de blanco y el novio de negro. Camelio acalorado siente que está ingresando a una prisión total y definitiva mientras cuatro violinistas de provincia achispados por varias copas de pisco, intentan tocar sin éxito la marcha nupcial. El altar está a dos metros, un niño engreído y malcriado marcha levantando las piernas exageradamente y jugando con la canastita de los aros. El niño típico y pesado. Un sobrino. El padre Chacaltana, afecto al drama, aparece de pronto y con el micrófono encendido, dice con una voz que corta la noche: Sr. Camelio, usted no puede…Sin arrugarse el smoking, Camelio contesta que si puede, que se ha puesto dos inyecciones de Trittico que lo ponen como león. 
No me refiero a eso, responde el padre Chacaltana, usted no puede casarse porque es casado, 
Los invitados a esta mentira hagan el favor de desalojar y salir de la casa de Dios, 
Un invitado excedido en cockteles, grita, ruinas de la casa de Dios, conchesumadre, que iglesia para vieja…y encima este champagne es un puto espumante….Los invitados empiezan una retirada desordenada seguida de novios, testigos y padrino
Al llegar a la puerta el padre Chacaltana alcanza a Camelio y le dice al oído, ¿cómo se llaman las inyecciones esas?
3-Cambio de planes, y colofón poco edificante
Una iglesia en el campo, las palomas descansado en un arco frontal sobre el portón, que simula el corazón del amor, un par de monjes chinos con una cara de honrados que dan escalofríos, un violinista ciego y un tecladista obviamente sordo, que intentan tocar las cuatro estaciones de Vivaldi que suenan a las cuatro estaciones en versión cumbia. Uno de los monjes toca repetidamente un gong y otros monjes (más peruanos que chinos) portando un tiesto, un botecito a escala y una vela roja repetían la oratoria del monje principal, A Camelio (vestido con jeans) le parece escuchar nombres de platos de chifa, tipakay, chihaukay, camlu wantan, Lucesita vestida con kimono en esta nueva religión que ha decidido asumir para lograr el matrimonio religioso, sonríe con la misma sonrisa de una emprendedora que está haciendo un buen negocio. Los pocos invitados e preguntan entre si ¿en dónde es la guasca? 
Camelio que ya ha cobrado un adelanto de la luna de miel, solo piensa en espejos, sabanas, y preso del deseo besa a la novia como Burt Lancaster a Deborah Kerr en de aquí a la eternidad, su cuerpo se va convirtiendo en un solo pene. Años después y después de cinco críos, se divorciaría.



Hugo del Portal 
- San Miguel-Perú












Momentos guardados bajo llave



Hay caricias perennes que no cesan de acosarme algunas noches. No las decido yo, sino su intensidad en imprevistas veladas de conjura astral. Noches de tus labios, de tu lengua y los néctares desprendidos por un cuerpo cálido. En el sueño me capto renovado jinete de tu encanto, y a ti, amazona del mío, cabalgando el amor frente a espejos que no pude retratar. Los móviles eran un inconnu entonces. Pero nuestra sed de beber agua salada que la multiplica era inmensa; a extremo tal, que sólo un grande de las Artes podía plasmarla. Ahora la escenifica el más modesto capricho de los sueños, tan recurrentes como el estigma que me acompaña para siempre.
Es la herida que cicatrizó sin borrar el obsceno costurón, recordándome que fuimos una vez.
Las pasiones ardientes se cruzan y descruzan esparciendo cenizas. La vida es así, variopinta, cruel y a menudo ingrata con los manjares que nos regalaron sus veladas. Al fin, resignas la vieja pasión a los anaqueles de la memoria, aceptando el cadáver insepulto de la vida en común, o el más piadoso recuerdo del "No sé dónde está, o si está no la veo. Ni la quiero ver..."
Sobrevive sin embargo en la nevera de los sueños que enfrían o congelan edades e ímpetus; menos crueles si no se corporizan sus despojos en el lecho cotidiano y su resignado tedio, enemigo de la emoción.
No universalizaré mi cierto escepticismo en estos asuntos. Existen acuerdos que combinan la placidez del presente con los arrebatos del pasado. Son más de los que imaginamos y menos de los que pregona la sociedad en boga.
El trágico azar y la vida me han privado de cualquier presencia. Y eso también te marca a fuego.
La tuya en especial, provoca esta remembranza, belle de jour. Nadie ha vuelto a besarme como tú, ni ser mía como una vez fuiste. Tampoco hembra alguna volvió a propinarme tus navajazos, ni recibir los míos con semejante fervor.
Quizá el gran amor rara vez pervive. La gran pasión abunda sin embargo. Es la que suele marcarte para siempre, y guardas celosamente bajo llave.

Joan Benavent-Vilasa del mar-Barcelona-España











Playa de amanecer




Quedaron tus palabras golpeando acantilados
en un rincón del día que buscamos.
Una playa contaba leyendas luminosas
y acunaba caricias desnudas y doradas.
Ahondaba tus ojeras despeñando la sombra
por los caminos rotos de la noche.
En la quietud flameaban los motores del alba
y en el vientre del alba crecía esta distancia.
Busco ahora mis pasos y uncidos a tus pasos
los descubro en los vidrios trillados de la noche.
Hay una sombra tuya que le duele a mi sombra
y no puedo decirte que ahora puedo amarla.
Quedaron
nuestras anclas perdidas bajo el sol de un verano,
dos nombres, susurrados entre la espuma blanca,
desvelados, dos tiempos que preguntan si existen.




Jorge A. Dágata – Balcarce- Argentina







 Mi espiga
Que sos casada...

¡Eso!

ya lo sé
y sé también
que fui gorrión en tu colmena,

en la resaca de la goma
mi agua, mi miel, mi postre.

Que de lo oscuro a lo oscuro
leí tu libro una noche,

acaricié las líneas curvas
de tu cuerpo
e injerté mi alma
en el horizonte blanco
de tu silueta...

Tomé de tu vino,

comí de tu pan
y engendré mis versos
en tu vientre de rosa liberada.

Liberada con esa libertad
de besar el rostro de mi beso,
con esa libertad de entregar
el aliento fresco de tu sonrisa.

Y con esa libertad,
de llenar de amor
el crepúsculo sediento
de mi espiga.

Jorge Ramírez –Salvadoreño- El Salvador

Despedida



Me dijiste adiós con un largo suspiro,
y con la mirada baja te fuiste de mi,
un silencio confuso hizo eco en la tarde,

lloraron mis ojos, al verte partir.

Quise aferrarme al tiempo vivido,
pues el temor, ya se apersonaba en mi,
creyendo que así volvería a tenerte,

que iluso pensamiento, que tonto que fui.
Mi corazón arrancarte no pudo,

y extensos senderos de espinos camine,
en la niebla opaca de la incertidumbre,

perecieron los sueños, benditos del ayer.
Cuanto vale un nuevo comienzo,

si el pasado aun, no se ha podido olvidar,

el vacío es música continua en mis días,
tu ausencia una reliquia, tu amor, un nunca jamás.



Jorge Amado Serrano- Suardi- Santa Fe- Argentina







                       Recuerdos…



RESUENA tu voz en la noche en que voy.
Gaviotas confundidas y en celo la escuchan.
Inexplicable música practicándose en mí.
En los oídos del árbol de mi vida
suelen sonar como una melodía salvaje.
Mujer de ojos alegres. Estás tú tan lejos.
Soledad
¡OH soledad!
Me abordas con la fuerza de las olas que socavan tumbas, sumergidas en la arena.
El tiempo tiende sus redes sobre un río misterioso, que jamás muda de curso; sólo cambia de orilla, borrando nuestros sueños, rostros y agonías.
Corazón triste y pobre como un zapatero sin clavos ni herramientas ni zapatos, remendando solamente sus heridas, por el amor abiertas.
Entre el mar y yo sólo quedan huellas delgadas en la arena.
Ven mujer en esta noche por el dolor substituida,
y enrédate en mis brazos como una madreselva,
hasta que tu verde agricultura selle con tu boca en la mía, el ramo sensual de tus besos.
Rondín de mi alegre huerto.
De los espantapájaros que tejí ilusionado, no quedan sino harapos.
Circula la luna montada sobre un caballo blanco,
devorando las sombras de mis manos que te buscan…
Y cuando languidecen y de pronto se rinden,
mis  párpados  se pliegan como un telón nocturno.

José Rodolfo Espasa Muñoz- Benidorm- España










La reina está desnuda







La reina está desnuda

-Miren, observen, ¡la reina está desnuda!
-Te equivocas, es mi piel, es mi traje de reina. Lo acabo de comprar con el sudor de las desposeídas.





 Lilí Muñoz -   Neuquén -     Argentina










Soy polvo



Voy donde el viento me lleve,
no busco parajes, ni rebaños
que encubran mi existencia.
Soy polvo en esta tierra,
puedo amanecer en el Monte del Sinaí
o anochecer en el establo de una estancia.
No lo sé, lo único que sé,
es que el aroma de la naturaleza,
me envuelve en un alo misterioso.
Siento que el desliz de mi vuelo
se torna más dócil día a día,
pero la brisa no me deja caer,
me arrastra hasta la ondulada
excitación de los mares,
o hacia la corriente de un río,
luego el sol me atrapa con sus rayos,
y renazco otra vez en un vuelo sigiloso.



 Liliana Farah- Rosario. Argentina


Miedo



Interrogantes.
Sendero sin luz.
Encapsulado espacio.
Solapada inquietud.

Alguien impele mi cuerpo,
no me resisto.
Voy...
Atemorizada
avanzo en mi letargo.

Truncas miradas
divisan
el elevado recipiente
de agua pura.

La sed
desgarra mis entrañas.
Un cancerbero
protege el pedestal.

Tomo el atajo señalado.

Sombras.
Multitudes.
Seres de mármol decapitados
caen al pasar.

Tengo miedo
de morir de sed
antes de acaso.


Lucía Giaquinto- Entre Ríos- Argentina



En el lecho de una nube

 En el lecho de un nube

al resplandor del crepúsculo,

con mi quietud y tu calma,
yacen dos cuerpos desnudos.

Sube.

Sube a mi grupa y galopa
como un corcel desbocado.
Tu piel desnuda en mi piel,
unidas en la tibieza y en un sentir alocado.

Sientes mi aliento sensual,
siento tu fuego y pasión.
Tu mirada enamorada
me hace perder la razón.

Casual.

Casual y sensual gocemos este momento.
Volver a ser en mí y yo en tí,
horizonte, paisaje, silueta nebulosa.
Todo a un tiempo con mis ansías descubrí.


El éxtasis nos envuelve.
Se acompasan los jadeos.
Susurras, gimo, me abrazas.
Entrar en el cielo creo.

Vuelve.

Vuelve a mi inmenso mar de fantasía.
Inunda con tu marea mis deseos.
Recorre las olas de mi cuerpo.
Mitiga lentamente mis anhelos.

No pares nunca de amarme.
Acaríciame la espalda.
Bésame profundamente
hasta llegar a mi alma.

Mirarme.

Mirarme en el fondo de tus ojos.
Beberme las mieles de tu boca.
Agitando mi cálida marea,
para descansar tendidos en la roca.

Tus manos en mi cintura.
Mis labios besan tu cuello.
Me enloquece tu pasión.
Tu cuerpo, varonil y bello.

Locura.

Locura que despierta el cerco de tu abrazo.
Hazme tuya e inunda con tu esencia,
todo mi ser en la intimidad de la penumbra.
Te añoro si estas en la distancia, anhelando de nuevo tu presencia.

Marga Utiel -Badajoz- España
                                     





Inmiscibles



Ella, con sus ojos como brasas encendidas, prometiéndole satisfacción sin freno, con su voz ronca por susurros repetidos.
Ella, noctívaga buscándolo, con el ardor pulido reflejando estrellas; como boca de lobo con dientes plateados, un sinfín de lunas enamorando, incansables cuchillas curvas con mango de ébano.
En su desplazamiento la siguen luciérnagas que encienden y apagan devaneos tempranos.
Ese hacer y no hacer que la hunde en la toledana.
Ella se presenta en su extensa casa a las tantas en verano, más temprano en invierno; siempre se puede contar con ella.
Ella, paseando en la carroza de zapallo, vestida de cenicienta esperando  a su príncipe.
Pasa sus veladas añorando encontrarlo.
Los gatos pardos, cómplices de tal infortunio.
Él, fuerte como la luz que emite, energía arrolladora, buscándola en ese límite. Estirando sus dedos cálidos, acariciándola con urgencia, solicitándola con cantitos dulces, inaugurando ese momento de gala, que terminará en el desaliento, que se va construyendo tenazmente.
Ese minúsculo instante que se vuelve eterno, donde se encuentran para adorarse y alejarse deprisa, hasta la próxima vez.
Ese breve bostezo, roce ligero de las esencias, mucho deseo y nada concreto, aunque subyugados por la perfección del otro.
Con sus besos en verso y sus abrazos en despedida.
Inconstantes amantes en retirada.
En ese entrecruce de luz y sombra un tejido de emociones se desintegra, y surge el dolor por insuficiencia.
El amor es tan grande que cada uno se retira para que el otro exista.
Es la noche y es el día.
Tan opuestos que se atraen, tan inútil esa unión; imposible e inexistente.
Un castigo permanente para un delito universal como es amarse.



 Margot Kliforwie- Rosario- Argentina





Mujer de la pollera verde






Expuesta a sales y lunas,
Sequías y vientos,
Recorres largos caminos
No importa la tardanza,
Tienes el corazón heroico
Para afrontar mansamente
Los embates y tu destino.

        



María del Carmen Latorre- Rosario- Argentina















Mientras caen las hojas.





Hay días que me siento a ver
las hojas caer .......
el viento las eleva .....
se van tan solas...... sin destino....
quisiera ir tras ellas,
pero no tengo alas en mis hombros .......
Oh ..... si pudiera seguir las huellas
de sus pasos ......
pero no tengo ALAS en los hombros .

Mientras las hojas caen.....
siento esa necesidad que abarca todo...
que me inquieta los huesos y la carne.....
esa necesidad de hablar contigo .

Mientras las hojas caen ...
te puedo ver AMOR..
sin luz y sin mirada .......

María Isabel Campos Quijano- Santander- Colombia







 Querubies


Fueron esos hijos que nunca nacieron,
ángeles sin alas, sin nombre, sin cuerpo,
cuya semilla fue sembrada y luego eliminada
en el oscuro vientre convertido en camposanto.

No tuvieron la suerte de llamarse niños,
Respiraron un tiempo, un mes o dos,
Quizá un día, fueron seres humanos,
Que la ciencia atea y unas madres abortaron.

No hay remordimientos, ni conciencias,
cuando se decide matar a un inocente,
está primero el egoísmo, la crueldad del hombre,
no tiene derecho a vivir, el pequeño mártir.

Como ratones de laboratorio son arrojados
a un basural (será alimento de perros y ratas)
¡¡¡que los perdone Dios!!! si es que tienen perdón;
por este crimen horrendo, execrable, despiadado.  

En nombre de la Ciencia hereje, asesina, atea.
se mata a un niño por ser deforme o no deseado,
madres desmadradas que llorarán  mañana
atormentadas por haber matado a su propia sangre.

Este es el mundo que heredamos a los que vengan,
“generación de asesinos seremos llamados”*.
Perdónanos  criatura  abortada e inocente.
Perdona tú si puedes, a esta raza de malvados. 
     
En nuestros corazones viven esos fetos,
para la ciencia ratones, para Dios humanos,
ni tumba tuvieron, ni  han sido bautizados,
son los querubines que no serán olvidados.  

 M.ª José Acuña Beláustegui- Curmaná- Venezuela


Se detuvo frente al espejo



Se detuvo frente al espejo. Aquel que tantas veces reflejó su cuerpo desnudo. El mismo que fue testigo mudo de sus noches de amor, de sus sueños, ilusiones...
Aquel que, en otro tiempo, lucía resplandeciente en la estancia.
Aquel que presenció risas, lágrimas, susurros, silencios...
Recordó cómo sus reflejos le deslumbraron tiempo atrás cada vez que pasaba a su lado.
Ahora estaba cubierto de polvo y permanecía inerte, sin vida. Nada se reflejaba en él. Ni siquiera su propia imagen, pese a estar frente a frente.
El espejo que un día tanto brilló, ahora se veía empañado.
Ya nada era igual...
Todo había cambiado.
La luz que un día iluminó la estancia se había apagado para siempre.
Ella se había marchado...


Pasa el tiempo... Todo cambia... Las cosas cambian... Las personas cambian... Para bien?? Para mal??... Todo depende del espejo en que todo se refleje, del espejo en el que nos contemplemos...
Las imágenes que, en él vemos, no son siempre las deseadas.
El espejo es frágil y puede romperse con facilidad, distorsionando por completo el reflejo de la ansiada belleza...
Todo cambia.... A veces, nada es como habíamos soñado. Nada sucede como habíamos deseado, nadie entiende qué alberga nuestro interior.... Ni siquiera se ha detenido a buscarlo.
El espejo se rompe... Sus reflejos ya no son los que, un día, me deslumbraron.
Todo cambia... Ya nada es igual...





Marian Martín Humanes- Villaluenga- Castilla la Mancha- España






 Y voy desnudando roces…





Y voy desnudando roces...
En mis sedas voy cayendo...
Suave es cada deseo en mi...
Que se alza en un crescendo...
Me desvisto para tu mirada...
Para arder en tus pupilas...
Y sentir la caricia...
En mis sensaciones dormidas...
Y rehilar en osadías de tus dedos...
Resbalan mis manos en tus contornos
Espero el cálido beso...
Que susurres palabras
del fuego de tu cuerpo...
Que se resbalen las llamas
En mis pechos...incendio de tu boca...
Escándalos de tu lengua...
Haciendo levantiscas en mi piel...
Me derrito en este delirio...
Y me rehaces con pasión de tus manos...
Me rodeas cual espiral ...
Estallidos germinan gemidos...
Me llenan tus raíces ...
Has estremecido mi suelo...
Y en el hecatombe de latidos...
Me miras de ti florecer...
Cuando caemos los dos rendidos...
Agotados del placer...





Mary Ramos- Barquisimeto- Venezuela




Poesía negra N.º 18


Había un olivo.
un olivo de tristes ramas
un pedregal, un camino
una fuente y una lágrima
Había un río
un río sediento de agua y agua
un puente, una raíz, un suspiro
un hombre, un fusil, una batalla
Había un guijarro
un guijarro de los que resbalan
una pareja, un suspiro
una pregunta, un mohín, un arma.
Había una deuda
una deuda nunca pagada
una pregunta, un suspiro
una sonrisa deslavazada....

Había un pasado
un pasado sin esperanza
un puente desconsolado
un río seco... una bala
había un olivo
un olivo con sangre en las alas
una paloma perdida en el viento
un viento sin esperanza
Había un río
un río hambriento de almas
un puente hacia el infinito
Una mujer, una traición... y nada.

Había un guijarro
una primera culpa de piedra lanzada
un desamor, un suspiro 

un gatillo, el fiel de la balanza.

Había una deuda
una deuda de amor sin palabras
una pregunta, un gatillo
una desidia disparada
Había un pasado
un puente, un río, una amada
un primer beso de niño
que acabó siendo venganza.
Miguel García Freijanes- Madrid- España



Asoma la mente a la luz…

Asoma la mente a la luz y enciende un pensamiento, cae la tarde y un suspiro se escapa, la belleza se acentúa al percibir las curvas que autentifican su esencia de mujer. Entre telas que respiran sus silencios, alisa sus pliegues y estira sus penas, el dolor se quema a golpes de plancha mientras la música adereza con su sabor momentos de aciago. Sorbete de hielo picado que enfría el color y baja el tono que el calor había conseguido alzar. Calla el miedo, el amor intentaba escuchar para erradicarlo, cobarde silencio que esconde su ausencia para no ser descubierto, taladra sin voz y equivoca a la razón para no ser eliminado de un trazo. Por fin la luz incidió en la verdad y atrapó aquella aparición escondida y enjauló su poder, arrecia el silencio y toma nota la palabra para posicionarse y lograr escribir aquella página en blanco que amenazaba en silencio notas. Notas que esperaban también en silencio tras el miedo para hacer sonar la melodía del perdón. Se perdona al miedo si logra callar su maldad y deja escuchar la razón. Razón por la cual la verdad toma posesión y deja claro cuales son las pautas que debe seguir el amor para hacer realidad su sueño y dejar atrás quimeras asustadas por crueles serpientes salidas del miedo, la tarde comienza a encender la pasión, se inclina la balanza hacia el amor, fuego que ardía en el alma pero que, al escuchar silencios, callaba su llama y ahogaba sus gritos en la quimera, el sueño dormía, pero despertó el amor y prendió de nuevo.

Brillaban sus ojos
mirando
ese corazón
que ardía en el deseo,
encendía el placer
y vibraba el alma
entrelazando
sus dedos,
manos que
de la pasión
amasaron valor
para enfrentarse
a sus miedos.

Miguel Urbano Perálvarez.-Córdoba- España








Jardín interno


Un jardín de ilusiones y esperanzas.
De sueños de colores y de anhelos.
Un jardín que se guarda en nuestras almas
y se expande con amor a los cielos.


Todos tenemos ése jardín precioso
también con pesares y recuerdos
-algunos lindos, son maravillosos-

Otros de llantos, de traumas y de aciertos.


Un jardín sagrado donde nadie pisa.
Donde sólo entra alguien si queremos.
Un jardín divino sin humanas prisas
donde nace y crece todo lo que es bueno.

En lo más sagrado
En lo más incierto...
.

Allá donde yo misma
me descalzo siempre
porque es lo divino
quien vive aquí dentro.

Tienes las puertas abiertas
en ése jardín secreto.




Nieves María Merino Guerra 
-Gran Canaria – España







Soledad !!




El silencio es aturdido,

por el grito de tu ausencia
y la noche se quebranta;
por que marcas tu presencia!

Los recuerdos se hacen claros,

pesa en mi soledad,

la imagen que te recuerda;

con tan clara intensidad!

Veo sombras en la noche
que me abrazan y me tientan,
el corazón te reclama;

toda mi mente te piensa!

y el cuerpo que te desea
y que busca tus caricias,
se hace blanco,

al que embaten;

todas las agonías!

Busco el sueño como excusa
 para dormir ya cansado,
por que ardo en fantasías;

y egos de enamorado!

Llega la madrugada,
te veo,

por todos lados
y me retuerzo en las curvas,
de tu cuerpo; embrujado!!

Te busco en la noche oscura,
voy en alas de algún verso...
por este amor que es tan tuyo;

y resultó tan perverso!!

Me retuerzo ante la luz,

cada destello de luna
y en todas las esperanzas;
 aunque no quede ninguna!

Te has quedado en mi pecho
y en la noche,

cada noche 

y en los rincones de casa ...
En cada día de vida,
que en silencio;

solo pasa!!

Te has quedado en la promesa
de algún nuevo amanecer
y en todo lo que yo amo;
 esos ecos del ayer!!

No te has ido,
te has quedado 

y es tuya la inmensidad...
que ennegrece mas,

mis noches;

y pesa en mi soledad!!

Pablo Ramón Cabrera Roa- Paraguay




…debida carta.......................a mi amiga Isis.


…no sé
porque esa mañana el tiempo corría a más a prisa…y todas mis mariposas revoloteaban sin sosiegos y descontroladas…
Iba a encontrarme con ella.
Íbamos a conocernos.
Olernos y sentirnos.
Descubrirnos en la mirada.
Desnudarnos el alma.
Porque esta magia de estos tiempos…iba a encontrarnos.
Muchas noches de desvelos conversamos…compartíamos penas de amores de olvidos…y ausencias de Glorias…en la vida.
Yo la conocía por terceros y sus pinceles…y ella por ser yo tan atrevida…
…y volé a su encuentro  a esa esquina dulce…la de Los Caramelos como presagio de otro cuento…y allí nos encontramos.
Era tal cual me la imaginaba…y creo que yo, no supe defraudarla…porque como siempre llegué en con mis flores pero en “cueros”esa mañana.
Paseamos por esas calles que alguna vez llamo a la gente a la luz de aquella luna nacarada de una playa…por murallas…por las Puertas de Serrano…y quedamos sin palabras….porque estaba todo dicho con mirarnos…porque hablamos...hasta de las cosas de entre casa.
Y aquella mañana , que no fue mucho...nos bastaba.
Llegamos ambas a esa calle… con todas las mariposas que llevábamos en el alma.
…yo era forastera…así que ella me llevo de la mano a todos esos lugares placenteros…
Quizás tendré que ir al otro hemisferio, para abrazarnos nuevamente…porque es así “La puta vida”…página creada para poder gritar nuestras desesperaciones…que como arte de magia, siempre me enseñan a reírme a carcajadas…y yo con mis puntos suspensivos..sólo doy tregua a los suspiros o a alguna lágrima.
Hace ya varios meses que volví a casa…
y le debía a mi amiga
...............esta carta.
P/D: ...voy a soñar...
desear...
que volvamos a encontrarnos...
en algún paralelo de vidas multiplicada de poesía...
en aquel "viejo mundo"...
que escribió alguna vez mi infancia de cuentos..... y sigue escribiendo mi historia de futuros....



Pilar Ferrer- Ushuaia-Tierra de Fuego- Argentina





Las palabras





Las palabras caen al alma
como bálsamo calmante
ante el irracional temor
que sobre tus afectos tengo.

No es que dude de tu amor
que en todo mi cuerpo siento
mas…
 como todo ser consciente
soy complejo …
y también Inconsecuente

Las palabras necesito
que confirmen lo sentido
y si caen en mis iodos
alimentándome el alma
no habrá temores
ni dudas…
sabiéndome muy querido




 Rafael Serrano Ruiz- Madrid- España












Entre las once y las doce



En el viejo reloj del monasterio
daban las once.
Salió Juan Pablo con la 

premura del caso,

a casa de los amantes
que lo estaban esperando.
Hacía un frío tan cierto,

que eran los huesos cristales
indefensos en el viento.
Padre Juan,
vaya que es nuestro el apuro
en la idea de los padres, de ella
como en los míos.
Que nos pillaron de amores
ardientes como braseros.
Si ha traído el ornamento
será mejor que se apure,

y celebre el casamiento.
En el viejo reloj del monasterio,
se asomaban las agujas a las doce.
El padre dejó en registro el Sagrado Sacramento.

Rubén  Eduardo Valiente-  Buenos Aires-Argentina


No mires atrás




-No mires atrás- me decía cada vez que escapábamos a la carrera de la cueva. 
¿Por qué ese día tuve que darme vuelta?

Era una excavación abandonada, fría y oscura, con olor a humedad. Sólo se escuchaba el sonido de una gota que encharcaba el suelo, multiplicado por su propio eco. Entrábamos a explorarla siempre con la sensación de que algo o alguien nos acechaba. Aunque nos infundíamos coraje, uno al otro, llegaba un momento en que el miedo nos superaba y corríamos hasta quedar sin aliento tirados de cara sobre el pasto. Era un juego de chicos, inquietante y divertido. No sé por qué ese día tuve que mirar atrás.







Silvia Rodríguez- La Plata- Argentina













A veces me pregunto


A veces me pregunto,
si siempre tendré poemas bonitos,
para al oído cantártelos,
o mis manos sean capaces de coger,
las rosas más bellas,
para ofrendarlas a tus pies,
A veces me pregunto,
si siempre mis pies se hallarán prestos,
para con paso enhiesto ,
correr a tu encuentro,
o mis ojos guarden la clara visión,
para que los detalles de tu belleza,
en ellos se retraten,
en la diáfana presencia del amanecer.-
Más aun así sé,
con inclaudicable certeza,
que aun sin poema bonitos,
para al oído cantártelos,
ni manos capaces de coger
las rosas más bellas,
ni pasos enhiestos,
para correr a tu encuentro,
ni ojos con las cuales retratar tu imagen,
te amaré intensamente.-
Pues aun sordo, ciego, mudo y postrado,
guardaré por ti el corazón,
que más que corazón es un mundo ardiente,
en el cual vives eternamente.-
                                                                                             
Víctor Kartsch Brenh- Encarnación -Paraguay




        Perdido

Un objeto solitario baila entre sus dedos
lo acaricia, como dibujando el tiempo
mira al cielo con ojos entornados
pidiendo divina ayuda, quizás,
o un halo de esperanza
en su afán por encontrar al otro
que lo cubra del frío, del tiempo, de la vida.

Estático, confuso, hurga en sus bolsillos,
nada encuentra pero insiste,
pensativo se queda en medio del pasillo
todo el rato, todo el tiempo.
Nada lo apresura ni distrae
contempla el suelo
respira hondo, inhala fuerzas
más que el aire
y éste,  parece concederle su pedido. 

Y de pronto, retornando al mundo,
a éste, tan real y tan concreto
da unos pasos, levanta la mirada
se da cuenta de ojos que lo observan
sonríe apenas con una débil mueca
balbucea unas palabras sueltas
vuelve a mirar el objeto solitario
y continúa  su camino, resuelto
parece recordar dónde olvidó      
al guante compañero
de tantos y largos fríos años.


Victoria Gonzáles Badani- Santiago de Chile- Chile



Tenemos algo





El agua y yo tenemos algo,
algo como un amor desguarnecido
que me diluye mientras ella ríe.
En su burla lustral refleja el cielo
y ésta lava mi corazón de rosa
de sus celos azules y sus duelos.
Me sumerjo en las olas que batallan
mano a mano en el ritmo de la especie
y me resisto como una amazona:
desde el centro cenizo de la frente,
voy al rescate en la marea impropia
del Ojo natural.
Y lo rescato.




Violeta Herrero- Salta- Argentina









Conga de tus senos

Como arrebatada morena

Emites cantos de sirena

Al son de los tambores

Las percusiones de la foresta

Vas moviendo tus caderas

Van sonando las congas de tus senos

Que emiten vibraciones

Que envuelven el aire

Como deseo tocarlas

Al ritmo de la noche

Mambo ondulado

De contagioso ritmo

Ya quisieran estas manos

Tocar tus congas

Estrechar tus manos

Mimetizar tus cueros

Acariciar tu pelo

Sentirlo en movimiento

Combinados con tus caderas

En armonía de tumbadoras

Vas haciendo pum pum

Con tus congas

Tus congas rosa

Zagaworks Santos -Santo Domingo- República Dominicana
LISTA DE AUTORES Agosto

Autor
número
titulo
Ada Gil
45-1
El cuadro
Alejandrina Arias
45-2
Anoche tuve un sueño
Ana Romano
45-3
Cercenamiento
Antonio Monzonís Guillén
45-4
La locura y el deseo
Beatriz Ojeda
45-5
Soledad me has derrotado
Belkys Larcher de tejada
45-6
Masticación
Carlos Alberto Giménez
45-7
Salmo de amor olvidado
Carlos Bird
45-8
Mándala
Carlos Corbella
45-9
La Patagonia
Carmen Guzmán
45-10
Construyo sobre una ausencia
David Baldés Belinchón
45-11
Como en la infancia
David Reverte López
45-12
México es una mujer
Diana luz Bravi Torras
45-13
Los labios de la negra
Diego Cazzaniga
45-14
Dimidium
Diego Miró Quesada Mejía
45-15
Mirada insoportable
Dórigo Alegezzo Gediongre
45-16
Galán de noche
Egle Frattoni Romano
45-17
Festejo
Escritor Ingel Lazaret
45-18
El regalo
Ezequiel Feito
45-19
El leproso
Fernando Adrián Zapata
45-20
La solidaridad
Fernando Hernández Iglesias
45-21
Persiguiendo un sueño
Grissel Canche Albornoz
45-22
Te quiero
Héctor Berenguer
45-23
Siéntate a mi lado vida mía
Hugo del portal
45-24
La boda
Joan Benavent
45-25
Momentos guardados vajo llave
Jorge D´Agata
45-26
Playa de amanecer
Jorge Alberto Hernández Ramírez
45-27
Mi espiga
Jorge Amado Serrano
45-28
Despedida
José Rodolfo Espasa Muñoz
45-29
Recuerdos
Lilí Muñoz
45-30
La reina está desnuda
Liliana Farah
45-31
Soy polvo
Lucía Giaquinto
45-32
Miedo
Marga Utiel
45-33
En el lecho de una nube
Margot Kliforwie
45-34
Inmiscibles
María del Carmen Latorre
45-35
La mujer de pollera verde
María Isabel Campos Quijano
45-36
Mientras caen las hojas
M ª José Acuña Beláustegui
45-37
Querubies
Marian Martín humanes
45-38
Se detuvo frente al espejo
Mary Ramos
45-39
Y voy desnudando roces
Miguel García Freijanes
45-41
Poesía negra n º 18
Miguel Urbano Peralvez
45-42
Asoma la mente a la luz
Nieves M ª Merino Guerra
45-43
Jardín
Pablo Ramón Cabrera Roa
45-44
Soledad
Pilar Ferrer
45-45
Carta a mi amiga
Rafael Serrano Ruiz
45-46
Las palabras
Rubén Eduardo Valiente
45-47
Entre las once y las doce
Silvia Rodríguez
45-48
No mires atrás
Víctor Kartsch
45-49
A veces me pregunto
Victoria González Badani
45-50
Perdido
Violeta Herrero
45-51
Tenemos algo
Zagaworks Santos
45-52
Conga de tus senos





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